Todo es diferente en el año del coronavirus, menos una cosa: un mallorquín sigue ganando en París.
Rafael Nadal Parera es ya el jugador de la historia del tenis con más victorias en el Grand Slam, empatado con Roger Federer, y afianzó este domingo con su casi humillante victoria contra Novak Djokovic (número uno del mundo) la leyenda del mejor tenista de la especie sobre tierra batida: 6-0, 6-2 y 7-5 para conseguir su decimotercera victoria en el campeonato de Roland Garros .

Ni la burbuja, ni el frío, ni el desafío de las nuevas pelotas que en teoría le perjudicaban han mellado el rendimiento del español: conquista el campeonato parisino sin perder un solo ‘set’ en siete partidos y demuele al jugador serbio (17 Grand Slams) el día que él y su equipo habían elegido para poner fin al reinado más largo de la historia de la raqueta.
Desde el día en el que Nadal pisó por primera vez estas pistas, hace 15 años, sólo ha perdido dos partidos en el torneo.

Un partido perfecto

Eligió mal día Goran Ivanisevic, parte del cuerpo técnico de Djokovic, para afirmar en público que Rafa no tenía ninguna opción de ganar el duelo si el serbio estaba bien, porque “se le ha metido en la cabeza lograr el título”.
Ningún ser humano del planeta tiene Roland Garros más incrustado en el cerebro que Nadal: el balear jugó un partido perfecto, con una constancia casi sobrehumana, desfigurando desde el primer juego a su prestigioso oponente sin dejarle jamás apropiarse del centro de la pista ni alterar su guión del encuentro.

A los 34 años, el ritmo del campeón en esta superficie sigue siendo insoportable.
Djokovic jugó, además, lastrado desde el inicio por problemas en el saque: Nadal le hizo dos ‘breaks’ en los dos primeros servicios del serbio, que mostraba un paupérrimo 29% de primeros saques convertidos.
El resto de la manga fue una exhibición portentosa del campeón vigente ante el presunto número uno del mundo, bastante más prudente y respetuoso en sus gestos que de costumbre pese al absoluto desconcierto provocado por un huracán de fuerza y ambición, capaz de inaugurar una final tan igualada (“la más difícil de todas”, había pronosticado su tío Toni Nadal) con un 6-0 en menos de una hora.

Cincuenta y cuatro minutos pasó el serbio sin ganar un solo juego en la pista Philippe Chatrier.
La diferencia de errores forzados era escandalosa: tres de ‘Nole’ por cada uno de Rafa.
Las nuevas bolas restan ciertamente algo de bote a los ‘liftados’ de Nadal durante los peloteos, pero presentan una ventaja: quitan mordiente al saque del serbio (uno de los mejores servicios del circuito, y el único capítulo del juego en el que es claramente superior a Nadal).

El número del mundo pasó al ataque al comienzo del segundo ‘set’ y arriesgó al máximo con su derecha para conseguir ganar un juego y revertir la tendencia.
Consiguió el serbio enlazar una serie de pelotazos a la esquina que lograron superar la resistencia del mejor jugador defensivo del mundo.
1-0.
Nadal igualó inmediatamente y le rompió después el servicio para dominar la manga por 6-2 en media hora y colocar al dicharachero ‘Nole’ al borde del ridículo en medio de la estupefacción de los 1.000 asistentes a la final.

Breve reacción

Nadie, en efecto, había imaginado que el tercer ‘set’ comenzase con 6-0 y 6-2 en el marcador.
Djokovic buscaba formas de recuperar el mando, pero Nadal luchó cada pelota al límite: un ejemplo continuo para cualquier aprendiz de cualquier deporte.
El arranque de orgullo de ‘Nole’ le llevó a ponerse 3-3 con su primera ruptura del servicio.
En ese momento lanzó el primer grito de la tarde, alentado por cientos de espectadores que querían un partido de mayor duración.
Por fin un pasaje igualado en el encuentro.
(Pero breve).

Nadal salvó el 4-4 con oficio y mente fría ante un serbio algo irregular pero enérgico y decididamente ofensivo, que empezaba a expresar sus emociones y a provocar gritos en la grada tras dos ‘sets’ de sufrimiento silencioso.
La última vez que se habían cruzado en la Chatrier (cuartos de final de 2015) había ganado Djokovic, pero cinco años después el número uno del planeta estaba siendo barrido de la pista.
Mostró amor propio el balcánico y se colocó 5-4 con un mejor saque y más velocidad, tratando de emparejar la intensidad balear.

Nadal no se desestabilizó en ningún momento.
Empató a cinco y mantuvo el gesto serio, imperturbable, frente a un Djokovic mucho más suelto que sin embargo no lograba tres puntos ganadores seguidos.
El serbio entregó el undécimo juego con una doble falta y se retiró a su silla con la mirada perdida.
¿Es un avión? ¿Es Superman? No: es Rafa Nadal, que ha ganado ya 100 partidos en París y con su Roland Garros número 13 iguala a Roger Federer como el tenista de la historia con más torneos de Grand Slam de la historia de este deporte.
El español llegó a París y comentó que las bolas habían cambiado, que no le iban bien a su juego y que eran incluso peligrosas para la salud.
Después se calló, se puso a trabajar y se empeñó en demostrar que las excusas no sirven.
En Roland Garros no hay nueva normalidad.
'Ya sé por qué eres el rey de la tierra', le dijo un rendido y simpático Djokovic durante la entrega de trofeos.
'De hecho, lo estoy sufriendo ahora mismo en mis carnes'.