Entre la tristeza, la nostalgia y la esperanza. Así pasa sus días Pedro Troglio en Honduras. No pudo despedirse de su padre, Pocho, que falleció la semana pasada, y al que recordó con un posteo en su cuenta de Twitter con fotos entrañables. La pandemia lo dejó a miles de kilómetros de su familia y amigos y él está solo en el país caribeño, al que describe como un sitio muy futbolero, donde él ya es una celebridad luego de haber sacado campeón a Olimpia, el equipo que dirige. Y mientras espera que esta situación pase porque “es muy duro no compartir un momento con alguien y solo hacerlo por videollamada”, en una entrevista mano a mano con Clarín, a menos de un mes de cumplir los 55 años y a tres décadas del Mundial de Italia 90 que lo tuvo como protagonista, afloran los recuerdos. Uno de ellos excede a la pelota e involucra a su padre, lógico.

“Después de haber perdido la final, cuando llegamos al país y fuimos a la Plaza de Mayo y vimos la gente que había, recién ahí pudimos sacarnos toda la bronca y la tristeza que traíamos adentro. Tardamos cinco horas en llegar a la Casa Rosada, y ver la expresión de la gente fue muy fuerte. Eso nos alivió. E ir al balcón ni te cuento. Estar en ese balcón histórico fue hermoso. Y se me venía a la mente cuando mis viejos me hacían escuchar los discursos de Perón cuando tenía ocho años, así que imagínate. De golpe estar ahí arriba, no entendía nada. Y acordarme todo eso y recordarlo ahora fue y es muy emocionante”, narró Troglio en un pasaje de la charla.

En Honduras eran las 8 de la mañana cuando se produjo la comunicación con Clarín. Y a Pedro se lo escuchaba con claridad como si llevara varias horas despierto. Así era. “A las 5.30 de la mañana, 6, ya estoy arriba. Me tomo un café y subo al gimnasio del edificio en el que vivo y hago ejercicio durante dos horas. También hay una pista de atletismo para caminar en la parte más alta”, contó.

Hay mucha pasión en Troglio por su profesión, en la que dice que se fue haciendo camino. La misma pasión que les imprimía a sus días de jugador y que lo llevaron a formarse en River, a debutar en Primera, a ser multicampeón en el equipo del Bambino Veira, a ser transferido al fútbol italiano -la élite futbolística de su época- y a dar el salto a la Selección, integrar una lista mundialista y jugar un Mundial. Y justo en Italia, país al que había emigrado dos años antes de aquel verano europeo de 1990 para incorporarse al Verona.

Pedro Troglio y el recuerdo de su padre, Pocho (falleció la semana pasada) en una caminata con Caniggia. Foto: Cuenta de Twitter de Pedro Troglio.

De estar entre los 24 convocados a quedar entre los 22. De comenzar siendo suplente a ser titular a partir del segundo partido, ante la Unión Soviética, y convertir un gol y empezar a ser una referencia para Carlos Bilardo, ya fuera para arrancar desde el inicio o para ser uno de los cambios. Todo iba bárbaro. Hasta que llegó un momento que pudo haber sido un quiebre.

La tarde del 30 de junio de 1990, Argentina llegó a Florencia con la algarabía a cuestas tras haber eliminado a Brasil en los octavos de final. En los cuartos tocó Yugoslavia. El partido culminó 0-0 y marchó a los penales. A Troglio se le paralizó el mundo por unos instantes luego de que su remate, con la cara interna del pie derecho, diera en el palo izquierdo del arco que defendía Tomislav Ivkovic, que venía de atajarle un penal nada menos que a Diego Maradona.

“El día anterior, en el entrenamiento, habíamos ganado el campeonato de penales con Diego. Y al otro día erramos Diego y yo. La verdad es que fue terrible. Errar un penal en un Mundial, más en una serie de una definición importante, es lo peor que te puede pasar. Es un momento tan cruel y tan feo que le doy las gracias a Dios de que Goyco nos haya salvado atajando esos dos penales impresionantes. Cuando terminó y me lo crucé, le di un abrazo inolvidable porque había dos posibilidades en ese momento: quedar en la tapa del diario para mal o para bien. De esa manera quedaba para mal y gracias a Goyco, él quedó para bien y yo pasé desapercibido”, narró Troglio.

Al recordar aquel momento de la definición con Yugoslavia, a través de su voz se palpa la angustia de aquel momento que gracias a las manos de Goycochea se transformó en alivio y felicidad. “Yo ya lo conocía de River a Goyco y sabíamos que la especialidad suya eran los penales, pero en ese momento después de errar un penal se pone fea la cosa. Por suerte los atajó y seguimos en el Mundial”, añadió el hombre de rulos.

-¿Por qué creés que llegaron a la final?

-Cada partido que iba pasando era una odisea y teníamos jugadores lesionados y de los importantes, con Diego incluido. No fue un equipo brillante pero era consciente de sus límites. Y sacando el partido con Brasil, que tuvimos una cuota de fortuna, en el resto anulamos a los rivales y a veces con poco o con los penales logramos ganar los partidos.

Pedro Troglio junto al recordado Tata Brown y a Roberto Sensini en la concentración de la Selección Argentina en el Mundial de Italia '90. Foto: Cuenta de Twitter de Pedro Troglio.

-¿Qué recordás de tu gol a la Unión Soviética?

-Me acuerdo de que después de perder con Camerún el primer partido, para el segundo Bilardo hace cinco cambios y tengo la suerte de jugar y hacer un gol. Bilardo nos decía que había que meterse siempre en el área. Y cuando desborda Olarticoechea, me meto y la pelota me cae justa, y cuando la veo entrar después de cabecearla sentí una emoción muy grande. Y después en el tiempo toma mucha más dimensión. 

-Aquel triunfo fue clave para que avanzaran a los octavos de final…

-En el gol ni pensé que ese partido era clave para pasar de ronda. Ni lo pensé. Después lo dimensioné más al analizar que podríamos habernos quedado afuera si no ganábamos ese día. Pero en el momento ni pensás en eso ni en cómo pueden darse los resultados. Salís a jugar, a dejar todo y a intentar ganar el partido. Encima arrancamos complicados por la lesión de Nery (Pumpido), fue duro. Y por suerte el árbitro no cobra la mano de Diego. Yo estaba de espaldas a él y cuando me doy vuelta veo que la pelota sale y pensé que le había pegado en el muslo. Fue un partido con muchos problemas, pero con la victoria nos relajamos y después pudimos pasar. Pero nos tocó un calendario jodido desde el primer partido.

-Como dijiste en una respuesta anterior, con Brasil hubo una cuota de fortuna. Y está el recuerdo de aquella frase de Bilardo en el entretiempo que les dice que si querían ganar no se la tenían que dar a los de amarillo…

-Sí. Es que errábamos los pases y en el entretiempo Bilardo nos dijo solo eso. En todo Mundial tenés una cuota de fortuna y nosotros la tuvimos en ese partido. En el resto, si bien no brillamos, fueron todos peleados. Ni siquiera Alemania nos pudo superar como lo hizo Brasil, y eso que Alemania venía comiéndose crudos a todos.

-Y también quedó la polémica de lo del bidón con Branco…

-En eso no me meto… Me parece una pelotudez de Branco. Porque si no tenés pruebas no podés decir nada. No podés ensuciar a la gente. Yo no estoy enterado de nada y podés quedar sucio de algo que no se hizo o de lo que yo no me enteré. Porque entonces podemos decir cualquier barbaridad o que habrá tomado algo él por las suyas pero nunca lo ensuciamos a él.

-¿Qué significó haber jugado una final de un Mundial en lo personal?

-En aquel momento significó una tristeza por haberla perdido pero hoy a 30 años siento un privilegio por haber sido uno de los que jugó una final, uno de los pocos jugadores en el mundo que juega una final de un Mundial cada cuatro años. Y estoy feliz por eso, le doy mucho más valor ahora que el valor que le di en aquel momento cuando me tocó perder.

-¿Y el penal?

-El penal no fue y lo que más duele es que el tipo (el árbitro mexicano Edgardo Codesal) hoy sigue diciendo que fue penal. Porque si el tipo (no lo nombra) reconociera que se equivocó está bárbaro, porque se puede equivocar. Pero la bronca que nos da a todos es que siga diciendo que fue penal.

-Vos lo pecheaste después de que lo cobrara, no te expulsó de casualidad…

-Yo lo golpeé, lo empujé, le dije de todo y solo me amonestó. Yo creo que ya estaba fuera de sí el hombre y encima no había cobrado un penal para nosotros por una falta que le hacen a Calderón, ya era un descontrol generalizado.

-¿Qué le dijiste?

-De todo. La p….que te parió, la c…de tu madre, todas las puteadas posibles y no me echó, era todo muy raro, o no supo darse cuenta de quienes venían todas las puteadas porque lo puteamos todos, Diego también.

-¿Hubo algo raro?

-Naaa, yo quiero creer que no. Sí estaba claro que no estaban felices con que hubiéramos llegado nosotros a la final. La idea era que ganara el dueño de casa y que hubiera una final europea en Europa. Pero si hubiese habido algo raro nos habría inclinado la cancha antes. Yo creo que ve que Rudi Vöeller cae y ahí compró.


Entre Bilardo y el reconocimiento de los argentinos

-¿Cuánto tuvo que ver Bilardo para que llegaran a la final?

-Mucho. El éxito de Bilardo se dio porque fue un obsesivo y un adelantado del fútbol. Un tipo que improvisó una línea de tres cuando nadie lo hacía, que miraba videos y lo criticaban por eso y hoy si no mirás videos te dicen que sos un mal técnico. Hay un montón de cosas en las que fue un progresista y las hizo muy bien. Pero Bilardo siempre fue criticado y aunque hubiéramos salido campeones nos hubieran criticado igual. Argentina tiene una gran confusión. Eso de decir jugamos a “la nuestra”. ¿Y “la nuestra” cuál es? ¿Tirar caños? ¿No correr? Bilardo impuso otro fútbol, más mundial, que cuando el jugador no tiene la pelota se tiene que romper el culo para recuperarla. Y por eso lo criticaban.

-Vos estás con ese fútbol…

-Olvidate, yo soy de esa corriente. Pero me gusta el buen fútbol, eh. Y para mí el buen fútbol no es tirar una rabona y no correr y jugar parado. Para mí el buen fútbol profesional es tirar una rabona, tirar un caño en un mano a mano en posición de ataque, arriesgar lo menos posible y cuando no tenés la pelota ponerte el overol y romperte el culo para recuperarla lo más rápido posible y si es cerca del área contraria mejor. Ese es un buen fútbol. Ahora si sos Messi, o Maradona o Riquelme podés jugar parado porque de diez situaciones en ocho vas a generar peligro. Pero el que de diez situaciones te genera peligro en dos o tres, peleás el descenso. Pero después te hace un gol de tiro libre y la gente dice: “¡Mirá el golazo que hizo!”; “Viste que caño hizo”… Pero después si durante siete partidos es una lágrima, ¿qué haces?. Entonces, ahí está la confusión.

-Eran criticados pero tuvieron un gran reconocimiento cuando volvieron de Italia…

-Y fue muy emotivo. Salimos subcampeones y se nos reconoció de una manera increíble. Tal vez porque la gente veía que jugamos en un clima hostil, que nos puteaban de los cuatro costados. O porque se venía de ser campeón del mundo, no lo sé. Pero fue muy emocionante lo que se vivió en la Plaza de Mayo. Y hubiera estado bueno que hubiese sucedido lo mismo en 2014. Las dos selecciones llegamos a la final de mundo. Nosotros perdimos por un penal inventado y en 2014 por un gol en suplementario. Me parece que tenemos que ser realistas y considerar que llegar a una final del mundo no es nada simple y hay que reconocer los méritos.


La admiración por Diego

En medio de la entrevista hay un momento exclusivo para Diego Maradona. En el que Pedro Troglio se deshace en elogios hacia Diego y lo recuerda con admiración. El mismo Maradona que fue compañero suyo en Italia 90 ahora ocupa el lugar que tanta veces le perteneció a Troglio: el de DT de Gimnasia.

-¿Que la mayoría de los italianos, salvo los napolitanos, estuviera en contra de Maradona los agrandó para llegar a la final?

-Los napolitanos solos nada más, no. Todo lo que era de Roma para abajo nos apoyaba y de Roma para arriba nos mataba. Pero porque había una guerra interna entre ellos, entre Norte y Sur. Si eras Gullit no te querían los de abajo y si eras Maradona no te querían los de arriba. Encima Diego es un tipo que no se callaba, que tiraba frases para liquidarlos. Pero al margen de Maradona se odiaban entre ellos. Y Diego jugaba y se reía, no se hacía problemas porque lo puteaban, el los puteaba también. Un tipo que es un monstruo, un guapo, el más grande de la historia. Los demás están a años luz de Maradona. Un tipo con unos huevos bárbaros, que transmitía liderazgo. Después podía tener sus problemas como cualquier otro en un mundo en el que somos falsos moralistas, nos la pasamos hablando mal del otro y todos tenemos un muerto en el placard.

Pedro Troglio y Diego Maradona, juntos. Foto: Archivo Clarín.

-¿A quiénes te referís?

-A los que hablan de Maradona… Escucho a hablar a tantos y hablan de Maradona en las mesas cuando tenían cada muertito en el placard. Al argentino le encanta hablar del otro.

-¿Messi también creés que está a años luz?

-No, no. Messi puede ser que lo haya igualado en lo técnico a Diego, sin dudas. Pero nosotros también admirábamos a Diego en su rol de líder en la cancha. Los equipos dependían de él. Creció en esos equipos, no en uno en el que tenés a Xavi e Iniesta como respaldo. Messi se acostumbró a jugar así y sabía que podía descansar en ellos. Y hoy en la Selección le pedimos otra cosa cuando él está acostumbrado a otro fútbol. En cambio Diego estaba acostumbrado a sacarte la pelota siempre él y ser él quien guíe al equipo. Y con esto no es que le esté quitando méritos a Messi. Messi es un monstruo y los que no lo reconocen no entienden nada, son unos chantas. Es el mejor jugador del mundo en este momento, es uno de los mejores de la historia junto a Diego, Cruyff, Pelé y Di Stéfano y nosotros los argentinos tenemos que estar felices de que los dos mejores de los últimos 40 años de la historia del fútbol son argentinos. Eso es lo más importante.

-¿Qué sentías al ver a Diego en el banco de Gimnasia, dirigiéndolo?

-Veo con felicidad que Diego esté en Gimnasia porque era el único que podía encontrar unidad en un momento terrible. Y dentro de la desgracia de lo que estamos viviendo con esta pandemia, cada vez que Diego está en algún lugar algo pasa y Gimnasia se salvó del descenso cuando estaba para irse. Y ahora tiene una posibilidad de respirar y armarse bien y sumar puntos. Sin dejar de remarcar que estamos viviendo una desgracia, Gimnasia tuvo al fin una a favor. Es difícil decirlo por el contexto pero yo te puedo asegurar que si bien no deben estar felices lógicamente con lo que estamos atravesando los hinchas más fanáticos deben haberse aliviado con la decisión de la AFA.

-¿Y vos? ¿Venías pasando uno de tus mejores momentos como entrenador?

-Yo he tenido un rendimiento parejo toda mi vida con Gimnasia, obtuve un ascenso y tres subcampeonatos en Primera, que fueron un milagro. Con Gimnasia ser subcampeón detrás de Boca y de River es un montón. En Paraguay (dirigiendo a Cerro Porteño) salí campeón, en Perú hice buena campaña, acá en Honduras salí campeón, con Argentinos salí cuarto. Con Tigre anduvimos bien hasta que tuvimos un bajón, pero en general en los clubes en los que he estado he sido parejo. A lo mejor hoy estoy más maduro. Había muchas cosas que antes temía decirlas y ahora no tengo problemas. A pesar de que en el fútbol argentino muchas veces para dirigir tenés que callarlas o estar con uno o con otro y eso te achica el margen.

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original