Lunes, 13 de Enero de 2020 | Por Mauricio Runno

Los hechos son elocuentes.
Fotos y videos de una tragedia de consecuencias todavía impensadas.
Australia está sitiada por el fuego, a tal punto que varios incendios han provocado un nuevo microclima y hasta las enormes columnas se han fusionado.
Es un desastre particularmente siniestro: en un mundo en calentamiento, los incendios extremos como éste sólo serán cada vez más usuales.
Pese a los fundamentalistas del medio ambiente en Mendoza y a su recalcitrante y hasta descascarada cosmovisión, de responsabilizar a otros por el estado de las cosas, de hacerse el distraído ante lo importante y sí apelar a la anécdota y el esloganismo, los incendios  de Australia comenzaron a causa de una ola de calor récord.
No fue la minería de Australia, una de las más socialmente respetadas del mundo.
No fue la falta de agua.
No fue nadie quemando leña seca para 'comerse' un asado, como sí ha ocurrido aquí en el piedemonte.
Hay mucho cinismo de los 'productores' que rechazan la minería en Mendoza, pero que secan extensas hectáreas en lo que se llama 'quema agrícola' que salen de control, como es el caso de repetidas ocasiones en General Alvear.


Los incendios en Australia comenzaron de varias maneras: algunos por un rayo, algunos por acciones humanas, incluido un incendio provocado.
Sin embargo, son las condiciones climáticas las que proporcionan suficiente combustible para que los incendios crezcan y se propaguen.
¿Por qué allí se hicieron incontrolables? 'La intensidad y el tamaño de los incendios forestales en algunas áreas han llevado a la creación de sus propios sistemas climáticos', según la Cruz Roja de Australia.
'Esto ha generado nubes de pirocumulonimbos, atrapando calor y generando fuertes vientos y rayos, lo que a su vez provocó más incendios'.
Las altas temperaturas de este verano y los incendios posteriores están relacionados con el cambio climático, que impulsa las tendencias de calentamiento a largo plazo y hace que este tipo de eventos sean más severos.
Australia también se enfrenta a una grave sequía, provocada por tres inviernos seguidos con muy poca lluvia.
El reporte podría ser casi el de Mendoza.
O el de la región central de Chile.
En ambos lugares se vivió -tan lejos, tan cerca- el desastre originado en Oceanía.
Tanto en Mendoza como en Chile esta clase de incendios están cada vez más presentes.
Nada indica que la situación mejore, sino, más bien, todo lo contrario.
La temporada de incendios de Australia es cada vez más prolongada y más peligrosa.
Varios de estos incendios son parte del ecosistema allí.
Dicho esto, el clima se está volviendo más cálido debido a las actividades humanas.
Y ese calor adicional aumenta la probabilidad de incendios.
Cuando comenzó a circular la información, evidente, de que el humo de aquellos incendios afectaba los cielos de Argentina y Chile, gracias a los vientos, muchos pensaron que se trataba de una exageración.
Lástima que es tan real.
Para los especialistas es difícil calcular cuánto humo se ha producido en esta catástrofe.
Es tan abundante que está 'en el proceso de circunnavegar el planeta'.
Es un peligro en sí mismo.
Exacerba las enfermedades respiratorias y los problemas cardíacos.
Las partículas finas del humo y el hollín pueden ser más pequeñas que 2,5 micrómetros, lo suficientemente pequeñas como para alojarse en las grietas de pulmones y pasar al torrente sanguíneo.
'El concepto de ecosistema se trata de conectividad', dice Manu Saunders, ecologista de la Universidad de Nueva Inglaterra en Australia.
 'En bosques enteros hay millones de individuos y cientos de especies diferentes que dependen unos de otros.
Y si se pierde uno, es como un eslabón en una cadena, entonces pierden los otros a los que está conectado'.
Quizá se trate de comprender nada más que eso: lo que uno hace tiene consecuencias sobre los otros.
Suena simple, pero nadie está dispuesto a salir de su zona de confort.


Posiblemente la preocupación comience cuando no exista confort y mucho menos algo parecido a una zona.
(maurice.textual@gmail.com)