Ese juego es aceptado por Elisa Carrió y los radicales.
Estos últimos callan algunas quejas ahora porque no les queda otra opción.
Por ejemplo, el pronunciamiento de Macri en medio de la campaña a favor de los pañuelos celestes.
Nadie habla de aborto en medio de una campaña electoral, salvo que reine la desesperación.
Muchos alegan, entonces, que esa estrategia fue demasiado arriesgada como para no resultar una foto obvia de la desesperación.

Las propuestas económicas que Juntos para el Cambio esta lanzando en campaña tienen rasgos de razonabilidad importantes, a pesar de cargar con el peso de lo que paso en el Gobierno en esa materia en los últimos dos años.
Sobre todo cuando habla de bajar impuestos a las pymes, apuntalar la educación o abrir la economía.
El problema son y fueron los tiempos; es lo que el votante esperaba de Macri en diciembre de 2015, no ahora.

Lo mismo sucede con los planes sociales.
Un tuit anónimo de estos días deja en evidencia el sentimiento quirúrgico del votante macrista de origen: “Mauricio hubiera ganado caminando si no hubiera malgastado la plata de la clase media en planes sociales”.
Durísima sentencia que tiene un correlato directo en cruce que se generó en estos días entre Carolina Stanley, Pichetto y Bullrich cuando se propuso anunciar como medida de campaña que los planes sociales solo brindarían asistencia por un año a cada beneficiario.
Es decir, un intento responder a esa presión de la clase media que paga impuestos contra el estado subsidiador que el gobierno de Macri no solo no combatió, sino que aumento.
De hecho el equipo de Stanley, con venia de Marcos Peña, desmintió ayer desde Posadas que se analizará ese recorte.

Si Macri tiene serios problemas con su estrategia, Alberto F., que además corre con el peso de estar más cerca de alcanzar la presidencia, también pasa de un dolor de cabeza al otro.

Hace semanas el candidato del Frente de Todos pudo mostrar una mesa civilizada donde sentó a la Unión Industrial y la CGT.
Después de ese encuentro Miguel Acevedo salió a pedir una reforma laboral, tema casi imprescindible en la agenda casi todos los economistas argentinos y que el propio Alberto F., (es cierto que sin precisar por que caminos) también planteó como necesario.
Al día siguiente la CGT comenzó a protestar y tuvo que salir Matías Kulfas (para algunos en más cercano a sentarse en Economía) a proclamar que “Argentina no necesita ninguna reforma laboral”.
Son cuestiones de equilibrio obvio en campaña, pero esos mensajes igual quedan escritos.

La dura pelea que Alberto F., tendrá con la deuda y la discusión sobre como ablandar los vencimientos que caen en los próximos dos años (máximo disparador de la desconfianza del mundo sobre la economía argentina) van a condicionar los primeros meses de su mandato, Pero es cierto también que las conversaciones con los fondos y bancos ya se están dando y que las propuestas de alargar plazos comenzaron a llegarle al candidato presidencial.
Curiosamente, quizás ese no termine siendo el frente más incendiario.
No sería a primera vez que el mercado cierre una operación de ese tipo con la Argentina.

Para seguir diagnosticando problemas habría que mirar al campo y no solo por las protestas de ese sector, sino por como viene la siempre con la seca que esta volviendo a preocupar a muchos; recomiendan rezar para que el agua llegue bien entre octubre y principios de noviembre, porque en diciembre podría ser demasiado tarde.

Las organizaciones sociales tampoco ayudan: Juan Grabois le pronostico ayer a Alberto F.
una luna de miel de 100 días y le avisó que despues de eso volverán a protestar a la calle.
Otros movimientos sociales como los que tomaron la avenida 9 de Julio el pasado 13 de septiembre extorsionan a Macri y Alberto y eso no es novedad porque su negocio es pasar por la ventanilla de Desarrollo Social, como lo dijeron a los medios sin demasiado empacho.
Pero la estrategia de Grabois suena también a extorsiva y con el agravante que parte de adentro mismo del kirchnerismo, aunque el amigo del papa Francisco niegue que su relación con Cristina de Kirchner sea tan cercana.

Ayer Aníbal Fernández también podría haber moderado su verborragia y claramente no lo quiso hacerlo; esta vez no fue para evitar complicar al candidato a presidente del peronismo sino a Axel Kicillof.
“Yo hubiera sido un gobernador como va a ser Kicillof”, se divirtió, otra vuelta más de esta campaña que ya entró en el terreno de lo incomprensible.

Fuente: Ambito >> lea el artículo original