Si bien es cierto que vivir en el temor de que si haces tal cosa pase algo malo y te traiga la maldición no es tener vida, también es cierto que por cultura popular eso es algo que todos manejamos como algo del día a día, esos miedos tal como el TERROR que nos pueda causar que un espejo se rompa y nos venga la mala suerte ¿mala suerte en qué sentido? ¿qué podría suceder? Aquí les platicamos más sobre este escabroso tema.

¿Cuando se inicia esta superstición?

Resulta que cuando inicio este “temor” no existían aún los espejos ¿Cómo es posible que si no habían, hubiera un miedo? Resulta que los espejos antiguamente eran de metales (bronce, latón, plata e incluso oro pulimentado), osea no podían romperse.

Catoptromancia

Los griegos en el siglo VI a.C. ya habían iniciado una práctica de adivinación basada en los espejos y llamada catoptromancia, en la que se empleaban unos “cuencos de cristal o de cerámica” llenos de agua, similar a la bola de cristal que vemos de las gitanas.

Miratorium

Este cuenco de cristal lleno de agua, era conocido por los romanos como miratorium, se suponía que revelaba el futuro de cualquier persona.

¿Cómo eran usados los cuencos?

Las predicciones eran leídas por un “vidente” o experto en esas artes, si uno de estos espejos se caía y se rompía, la interpretación inmediata del vidente era que la persona que sostenía el cuenco no tenía futuro (que no tardaría en morir) o que su futuro le reservaba unos acontecimientos tan catastróficos, que los dioses, amablemente, querían evitar a esa persona una visión capaz de trastornar su mente profundamente.

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Los 7 años de mala suerte

En el siglo I, los romanos tomaron la superstición (de la que hablamos líneas arriba) portadora de mala suerte y le añadieron algo nuevo, que es nuestro significado actual. Sostenían que la salud de una persona cambiaba en ciclos de siete años. Puesto que los espejos reflejaban la apariencia de una persona, un “espejo roto” anunciaba siete años de mala salud y de infortunios.

Su adaptación

La superstición adquirió una aplicación práctica y económica en la Italia del siglo XV. Los primeros espejos de cristal revestidos de plata, desde luego rompibles, se fabricaban en Venecia en esta época. Por ser muy costosos, se trataban con gran cuidado, y a los sirvientes que limpiaban los espejos de las casas se les advertía severamente que romper uno de esos nuevos tesoros equivalía a siete años de un destino peor que la muerte.

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Fuente: La Verdad >> lea el artículo original