Hajar Raissouni tiene 28 años. El sábado pasado, salía de una clínica en Rabat, Marruecos, cuando la Policía la arrestó. También detuvieron a su médico, un enfermero, una secretaria del profesional, y finalmente al novio de la joven con quien debía casarse el 14 de septiembre.

La mujer se enfrenta a la posibilidad de pasar dos años de prisión, ya que Marruecos penaliza el aborto cuando la vida de la madre no corre peligro. Según su abogado Saad Sehli, la acusación es absurda y falsa: Hajar estaba siendo tratada por una hemorragia interna, y su defensor tiene previsto demostrarle a la corte, con pruebas médicas en apoyo, que en realidad se trataba de un posible aborto espontáneo.

'Es un acto médico y tenemos un informe médico que dice que no hay aborto inducido. Puede haber un aborto espontáneo y eso no es un delito. Pediré la liberación de Hajar Raissouni', aseguró.

Pero el caso va más allá de un supuesto problema de 'moral'. Hajar Raissouni trabaja para el periódico Akhbar Al-Yaoum y es la sobrina de un editorialista muy crítico del poder, así como de un ideólogo islamista ultraconservador. Para las asociaciones de defensa de los derechos humanos y para gran parte de sus colegas, su detención, después de otras similares, es una nueva manifestación de un clima nefasto destinado a silenciar las voces disidentes.

'Asistimos a una multiplicación de casos implicando a periodistas, demandados y a veces condenados pero no según el Código de la Prensa por sus escritos, sino según el Código Penal por violar la moral y las buenas costumbres, y a veces por apología del terrorismo', explica el director del sitio web de noticias Yabiladi.com, Mohammed Ezzouak.

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'El caso Hajar Raissouni es para muchos militantes de los derechos humanos y muchos periodistas el enésimo caso que marca una forma de acoso, de crispación, de tensión, hacia los periodistas y los medios de comunicación”, prosigue Ezzouak.

Pero según él, también es un ataque brutal a los derechos de las mujeres: 'La emoción fue fuerte, especialmente entre muchas mujeres que sintieron, en carne propia, la injusticia y la humillación infligidas a este joven periodista. Así, el caso de Hajar moviliza más allá de los círculos tradicionales de defensa de la libertad de expresión en Marruecos'.

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