El contacto entre gentes de todas partes del mundo durante la Segunda Guerra Mundial ha dejado grandes historias.
Algunas de amistad, otras de heroísmo.
Y también de amor como la que durante unas semanas vivieron Kara Troy Robbins, un soldado norteamericano y Jeannine Ganaye, una joven francesa, en una aldea del Gran Este francés, región limítrofe con Alemania.

Kara Troy Robbins, el soldado norteamericano en su época en Francia (Captura video).

Robbins estaba en Francia como miles de soldados americanos tras el desembarco de Normandía, del cual la semana pasada se conmemoró el 75° aniversario en una multitudinaria ceremonia a la que asistieron los principales líderes del mundo occidental.
Ganaye era una más de las muchas aldeanas cuya rutina se alteró con la llegada de unos muchachos que no hablaban el idioma del país.

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Esta semana, K.T.
Robbins volvió a Europa para celebrar el 75º aniversario del comienzo del fin.
El desembarco de Normandía.
En el trayecto a Europa habló con el equipo de televisión de France 2 que documentará el reencuentro con la que fue su fugaz amante.
Él nunca olvidó las semanas en que estuvo destacado con su regimiento en Briey, en el departamento de Meurthe-et-Moselle.
Las semanas en las que conoció a Jeannine. Ella sólo tenía 18 años. “Fue muy amable y creo que me amaba”, recuerda el veterano.

Toda la belleza de Jeannine a los 18 años (Captura video).

El desarrollo bélico truncó su historia de amor con la misma brusquedad con que la había auspiciado.
Una mañana, dos meses más tarde, el ex soldado recuerda cómo debió abandonar apresuradamente la aldea, movilizado al frente oriental: “Le dije que tal vez volvería y la llevaría conmigo, pero no fue así”.
Cuando se marchó en el camión, ella lloró desconsoladamente, deseando que tras el armisticio su amante no retornara a América.

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Kara mantuvo la foto de Jeannine durante 75 años (Captura video).

La vida los puso en su sitio y los llevó en direcciones opuestas.
Tras la guerra, Kara Troy volvió a América y formó una familia. Lo mismo ocurrió con su amada europea, que tras su matrimonio se convirtió en la señora Pierson.
Pese al océano que los separaba y a la ausencia de correspondencia, ambos se siguieron deseando en secreto.
El veterano justifica su silencio de décadas: “Ya sabes, cuando te casas, no es fácil escribir”.

Montigny-lès-Metz, en Mosela en 1944.
El poblado donde se conocieron (Captura video).

K.T.
Robbins conservó una foto de ella y deseaba volver al viejo continente y encontrar la familia de Jeannine.
La conmemoración del desembarco de Normandía lo permitiría.
Asumía que ella probablemente habría muerto. Se equivocaba de pleno: Jeannine Ganaye seguía viva: tiene 92 años y vive en una casa de retiro en Montigny-lès-Metz, en Mosela.
“Yo también lo amo.
Siempre pensé que volvería”, confiesa desde la residencia donde pasa sus días
.
Y donde 75 años después, reencuentra a K.T.
Por fin.

El reencuentro esperado durante 75 años (Captura video).

Sentados uno junto al otro, se hablan otra vez de amor, como si fuera ayer cuando se despidieron.
Como si acaso hablaran la lengua del otro.
Cuando Jeannine dice “siempre te he amado, siempre”, K.
T.
responde: “dice que me ama, eso lo he entendído”.
En la posguerra, ella había aprendido los rudimentos básicos del inglés en la esperanza de sorprenderlo en el momento del reencuentro.

La despedida.
Ambos dijeron amar al al otro.
A pesar del paso del tiempo.
Un amor único (Captura video).

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Horas después han de volver a separarse. Las lágrimas y los besos de los antiguos pretendientes se suceden.
El ya está sentado en el coche y ella introduce la cabeza para decirle algunas de las cosas que no le pudo decir en décadas.
El coche no parte aún.
La anterior despedida fue fulgurante pero esta se demora entre medios besos y susurros.
K.T le espeta: “Jeannine, te quiero, mi amor”.

Ambos nonagenarios están viudos.
Prometen rencontrarse,
con ternura.
Hace 75 años, hicieron el mismo gesto, con pasión.

La Vanguardia.

GML

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original