Por Alan Cowell

Cruzaron el Canal por aire y por mar hacia las playas de Normandía.

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En la invasión anfibia más grande de toda la historia, casi 7.000 embarcaciones y 1.500 aviones dieron apoyo a los 156.000 soldados de las fuerzas aliadas que cruzaron desde Gran Bretaña hacia cinco playas en Francia, hace 75 años, el 6 de junio de 1944, el Día D.

Más allá de las recreaciones cinematográficas de ruido y caos y derramamiento de sangre, es duro para las generaciones posteriores criadas con las expectativas de una Europa en paz, o, al menos, con la amenaza de una Guerra Fría, imaginar cómo podría haber sido una verdadera guerra en caliente.

Solo un puñado de veteranos, que hoy tienen 90 años o más, sobreviven para recordar cómo fue arrojarse desde barcazas de desembarco laminadas en acero, en playas heladas para avanzar con el agua hasta el cuello hacia las playas entre hileras de francotiradores alemanes y ametralladoras, sembradas de minas y cuerpos, y alambres de púa.
O saltar en la noche desde vuelos a baja altura para asegurar los puentes del interior.

Las fotografías de la época muestran a los soldados nerviosos esperando su turno con las mandíbulas apretadas y los ojos brillantes para ofrecer una definición de coraje en sí mismo.

El general Dwight D.
Eisenhower, Supremo Comandante de las Fuerzas Aliadas, habla con paracaidistas estadounidenses en Inglaterra./ US.
National Archives vía The New York Times

“Era un desorden, pero había que seguir”, le dijo Ken Peppercorn, hoy de 97 años, al diario The Observer en Londres, reflejando el estoicismo de su generación en su relato del desembarco en medio del agua hacia la costa, bajo fuego y arrastrándose para encontrar protección en un cráter que se había formado en las dunas por un proyectil.
“Tenía tanta hambre que lo primero que hice fue buscar mis raciones y comer una papilla de avena”.

Ese recuerdo, la mezcla de lugar común y terror de un soldado de infantería, encapsuló un punto de inflexión en la guerra.
Después de meses de planificación, decepción y preparación, el Día D simbolizaba el momento en que los aliados de Occidente comenzaban a establecer la cabeza de puente desde la cual podían comenzar su avance hacia Alemania, incluso mientras el Ejército Rojo se desplazaba desde el Este.

Finalmente, en mayo de 1945, Alemania se rindió formalmente.

Prisioneros alemanes capturados tras el desembarco del Día D, en Normandía.
/ US.
National Archives vía The New York Times

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El propósito inmediato de este movimiento de tenaza gigante era la liberación de Europa del dominio nazi.
Pero mientras los ejércitos peleaban abriéndose paso hacia Berlín, también seguían trazando los límites del futuro del continente, divididos por lo que Churchill llamaría la Cortina de Hierro entre las ideologías opuestas y las estructuras de poder del Este y Occidente.

En estos días, Normandía todavía está sembrada de cementerios de guerra y las tumbas de soldados de muchas nacionalidades, un recuerdo de un propósito en común contra la embestida de Hitler.

Normandía ha formado una industria modesta de visitantes y sus peregrinaciones a los hitos de una campaña militar crucial.
Aquí, todavía están las playas con sus nombres en código, donde desembarcaron los soldados: Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.
Aquí están los puentes en tierra asegurados por los paracaidistas de EE.UU., Gran Bretaña y Canadá, con una representación reducida, aunque simbólica de soldados de la Francia Libre, a la madrugada del 6 de junio antes de los desembarcos a través de un frente amplio, de aproximadamente entre 2.500 y 4.500 vidas.
Aquí, también, están los recuerdos del caos y el terror, paracaidistas que aterrizaban en sitios equivocados; algunas barcazas de desembarco que irremediablemente perdieron el rumbo; soldados sobrecargados que se hundieron en las aguas profundas y se ahogaron.

Soldados estadounidenses asisten a otros luego de que su barcaza se hundiera en la costa de Francia, el 6 de junio de 1944.
/ U.S.
Army vía The New York Times.

Con los años, la cantidad de veteranos sobrevivientes se ha reducido y hay un sentido subyacente de que las visiones amplias de los aliados en la guerra y sus sucesores se han limitado.
La estructura estadounidense que las sucesivas administraciones diseminaron por Europa Occidental parece estar desgastada y frágil.
La Unión Europea, que se ha enorgullecido de construir el orden pacífico fomentado desde la victoria de los aliados en 1945, está siendo desafiada desde adentro por minorías nacionalistas y populistas resonantes.

Los viejos pilares de la certeza transatlántica, y posiblemente de la complacencia, han comenzado a temblar.

Los cambios parecen haberse acelerado en los últimos años.
Desde la última conmemoración del Día D, hace cinco años, los líderes de Francia, Gran Bretaña y los Estados Unidos han cambiado.
Léase, Donald Trump por Barack Obama; Emmanuel Macron por François Hollande; Theresa May por David Cameron; con May pronta a retirarse después del furor del aniversario de esta semana, para ser reemplazada por un sucesor todavía no identificado.

Memorial en homenaje a los soldados norteamericanos muertos en Normandía./ US Coast Guard vía The New York Times

En las recientes elecciones europeas, los grupos derechistas y euroescépticos prevalecieron en Gran Bretaña, Italia, Francia y Polonia.
Lejos de buscar la liberación del continente, Gran Bretaña ahora está en vías de un debate tortuoso y tóxico acerca de la salida total de la Unión Europea.

Así como el Día D marcó un punto de inflexión en la historia, algunos ahora se preguntan si este momento es igualmente portentoso.

“Alguien podría preguntar, murmurando, ‘¿Este es quizás el final de una aventura de 70 años?’” dijo el Papa Francisco hace unos días.

Por supuesto, los momentos históricos rara vez aparecen de la nada, como también sucedió con el Día D.

Desde junio de 1941, cuando Hitler ordenó la invasión a la Unión Soviética, Stalin, el líder soviético, había estado presionando a los aliados de Occidente para abrir un segundo frente contra Berlín.

Los británicos no tuvieron ánimo de responder.
En mayo y junio de 1940, los avances alemanes obligaron a Gran Bretaña y sus aliados a evacuar más de 330.000 de los suyos y tropas aliadas desde el puerto francés de Dunkerque.
Dos años después, un intento de los aliados de planificar una incursión relámpago en el puerto francés de Dieppe terminó en un desastre.
En febrero de 1942, la rendición ante Japón en el lejano Singapur fue conocida como el mayor evento de su tipo en la larga historia militar británica.

Al mismo tiempo, las fuerzas aliadas estaban luchando en campañas importantes en el norte de África y el Mediterráneo.
Pero, era discutible, la gran restricción que significaban las aguas frías del Atlántico, donde los submarinos alemanes capturaban a las caravanas de barcos mercantes que transportaban aprovisionamientos críticos necesarios desde Norteamérica.

Dos factores contribuyeron poderosamente al curso de lo que se conoció como la Batalla del Atlántico.

En Gran Bretaña, los descifradores de los códigos en Bletchley Park, al norte de Londres, que incluyeron al matemático Alan Turing, descifraron el sistema de encriptación Enigma, utilizado por la marina alemana.
Y, en los cielos, los bombarderos estadounidenses de largo alcance B-24 Liberator fueron desviados de otros teatros para ampliar la cobertura aérea hacia el Atlántico medio.

Cuando la batalla quedó a favor de los aliados, los estrategas militares finalmente pudieron empezar con la tarea de movilizar enormes cantidades de soldados y de equipamiento al sur de Inglaterra, la plataforma de lanzamiento del Día D.

En la conferencia de Teherán en noviembre de 1943, Roosevelt y Churchill le dijeron a Stalin que la Operación Overlord, la campaña sangrienta que fluía desde los desembarcos del Día D, sería lanzada en mayo de 1944.

Rifles cruzados en la arena en señal de tributo a un soldado muerto tras el desembarco, en Normandía.
/ US Coast Guard vía The New York Times

Para el momento en que tuvo lugar la invasión, demorada en un día debido al mal clima, unos 2 millones de soldados extranjeros estaban apostados en Gran Bretaña.
Entre 1943 y 1944, 1,4 millón de soldados de Estados Unidos solamente habían arribado, de acuerdo con el Museo Imperial de Guerra de Gran Bretaña, y en el primer semestre de 1944, se acumularon 9 millones de toneladas de provisiones y equipamiento que cruzaron el Atlántico.

Al mismo tiempo, los agentes de inteligencia británica lanzaron su propia campaña exhaustiva de desinformación para construir la creencia de Hitler de que la invasión se centraría en el área alrededor del puerto francés de Calais, el punto más cercano a Gran Bretaña.
Sin importar cuáles eran los pensamientos de los soldados en las barcazas de desembarco, algunos en la plana mayor tenían dudas.

“Me siento incómodo sobre toda la operación”, dijo el Mariscal de Campo Sir Alan Brooke, jefe del Personal Imperial General de Gran Bretaña.
“En el mejor de los casos, quedará muy por debajo de las expectativas.
En el peor de los casos, puede ser el desastre más espantoso de toda la guerra”.

Empapados y baleados, los soldados en las playas decidieron lo contrario.

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Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original