Daniela Tabernig es una soprano de lujo, una de las mejores voces líricas de la Argentina, y también ha compartido el escenario con Los Palmeras para cantar una de las cumbias más famosas: Bombón asesino.

“Sí, me subí a cantar con ellos en la fiesta de los 50 años del Canal 13 de Santa Fe, en el hotel Los Silos.
Eso fue a fines de 2016. ¡Y estuvo muy divertido!”, se entusiasma Tabernig, de 41 años, santafesina y sin prejuicios, alguien que admira tanto a María Callas como a Liliana Herrero.

-¿Y qué cantás bajo la ducha?

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-La ducha es uno de mis lugares preferidos para estudiar.
Con las óperas de fondo, me quedo cantando durante más de media hora.
En realidad, lo hago hasta que siento que me estoy por desmayar.
¡Es que se hace mucho vapor! En mi caso es muy importante el contacto con el agua.
Me relajo y se me ocurren algunas ideas.
Es más, por el personaje de Rusalka, la ópera de Dvorak, que es una ninfa del agua, me dicen “la nereida rioplatense” (se ríe).

-¿Tus vecinos te escuchan cuando cantás bajo el agua?

-Por supuesto.
Durante seis años viví en un edificio ubicado en Jean Jaurés y Paraguay.
Por suerte tenía muy buena onda con los vecinos.
En el piso de abajo vivía un amigo, bailarín de tango.
Cuando me escuchaba cantar en la ducha me mandaba mensajitos: 'estás practicando, ¿no?', me decía.
Ahora me acabo de mudar a un PH en Villa Ortúzar.
Todavía no sé si me escuchan los vecinos...

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Daniela Tabernig: Una fuerza de la naturaleza

Daniela habla con Clarín porque es top, top, top y porque, además, viene de ganar dos premios que de alguna manera rubrican el poder de su garganta:

1) “Por la temporada 2018”, la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina la eligió en el rubro “mejor cantante lírica femenina”.

2) La Fundación Konex le dará un diploma al mérito por considerarla “una de las cinco mejores cantantes de música clásica de la última década en la Argentina”.

Daniela Tabernig, en las escalinatas del Teatro Colón.
Foto: Lucía Merle.

“Es muy gratificante recibir estos premios”, confiesa Daniela, de una humildad suprema.
“Sobre todo, después de un año tan intenso: entre otros trabajos, hice Powder her face, de Thomas Adés, la obra más difícil de mi carrera”.

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-¿Qué es lo que más te gusta de cantar?

-Canto y actúo.
Sí, soy una actriz que canta.

-¿Qué es lo que más te gusta de cantar y actuar, entonces?

-Es mi forma de expresarme.
Lo que más me interesa es humanizar a través del arte, aportarle algo al mundo con lo que yo sé hacer.
Siempre me gustó cantar, desde chiquita.

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-¿Qué cantabas en aquel tiempo?

-De todo: las canciones de Flavia Palmiero, de Xuxa, de Los Beatles...
Todo lo que escuchaban mis padres en mi casa.

Su primer contacto con la música clásica fue a los tres años.
“Mi mamá me llevó a estudiar danza.
Y me encantó”, recuerda Daniela.

Luego, formó parte del “Coro de Niños y Jóvenes de la Municipalidad de Santo Tomé”.

Al terminar la secundaria cursó el profesorado de música en el Instituto Constancio Carmiño, en Paraná.
“Mis maestros se dieron cuenta de que tenía condiciones para el canto lírico”, comenta la artista.

Así, en 2001, Tabernig empezó a viajar una vez por semana a Buenos Aires con la idea de prepararse para entrar al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.
Su profesora era Ana Sirulnik.

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Cuatro años más tarde, el esfuerzo tuvo su premio: Daniela subió por primera vez al escenario del primer coliseo argentino.
“En Doña Francisquita, la zarzuela de Amadeo Vives, hice un rol chiquito que se llamaba La Buhonera, una tejedora...”, recuerda.

Finalmente, y más allá de que ya había sido ovacionada varias veces, el título de “cantante” se lo dieron en 2008.

“Después, como para que siguiera mejorando mi técnica, recibí una beca para estudiar durante más de un año en el Conservatorio Nacional de Atenas, en Grecia”, profundiza Daniela.
“En aquel momento yo estaba casada con el que ahora es mi ex marido.
Yo viajé y él se quedó acá.
Fue una experiencia espectacular”.

Daniela Tabernig suele ensayar en la ducha.
Para cuando está a punto de desmayarse por el vapor.
Foto: Lucía Merle.

Por estos días, Tabernig se sigue perfeccionando. “Hace seis años empecé a trabajar con Alejandra Malvino, mi actual maestra.
Es mi verdadera guía”.

A la hora de explicar de dónde viene su pasión por la música, Daniela no duda: nombra a su abuela materna, Matilde.
“Me crié con ella.
Y siempre me cantaba”, dice.

“Durante la Primera Guerra Mundial -profundiza-, mi bisabuela había escapado junto a su familia de lo que hoy es República Checa.
Y se instalaron en Santa Fe, donde nació mi abuela.
Fueron años de mucho sufrimiento.
Yo creo que, cantando, voy sanando todo ese sufrimiento.
Por eso a mí me gusta tanto el repertorio checo, ruso...
Ahora tengo pensado hacer unas canciones del checo Leos Janacek.
Canciones que, cada vez que las escucho, me hacen llorar de la emoción.
Son canciones populares.
Como el aria La canción a la luna, de la ópera Rusalka, de Dvorak, que es, prácticamente, una canción de cuna”.

-¿Tu abuela Matilde te escuchó cantar alguna vez en el Colón?

-No.
Pero le canté La canción a la luna en la residencia donde ella vivía.
Se la canté a todos los que vivían allí.
Después, cuando mi abuela murió, durante la ceremonia de cremación, vi que mi madre no terminaba de largarse a llorar, no podía...
Entonces dije: 'si me disculpan, voy a cantar'.
Ahí, a capella, hice un fragmento de La canción a la luna.
Y sentí que, gracias a eso, se empezaban a ir muchos sufrimientos, cuestiones que no habían sido resueltas.
A los demás también les sirvió para aflojarse....

Daniela Tabernig, en una función de 'Las Estaciones', de Joseph Haydn, el año pasado en el Colón.

-¿Cuáles son tus óperas preferidas?

-Además de Rusalka, me gusta mucho una ópera rusa que se llama Eugenio Oneguin, de Chaikovsky.
Y también, Las cuatro últimas canciones, del alemán Richard Strauss.
Son pueblos que, con la música, han sabido plasmar magistralmente el sufrimiento.

-De parte de tu padre tenés ascendencia austríaca.

-Sí.
Los Tabernig vienen de Austria.
En Santa Fe, mi abuelo y mi papá trabajaban en una panadería.
Se llamaba La Victoria y era famosa por sus tortitas negras.

-¿Vos también trabajabas allí?

-Sí, con mi hermana, Alicia.
A ella le encantaba trabajar allí.
A mí, menos: me la pasaba escuchando música.
Justo enfrente ensayaba una orquesta para niños.

Talento de exportación, Daniela también se ha presentado fuera de la Argentina.
“Entre otros lugares importantes, canté con la Sinfónica de Silicon Valley, en California; en el Auditorio Nacional del Sodre, en Montevideo; y en el Palacio de Bellas Artes del DF mexicano”, comenta.

“También hice algunas audiciones para cantar en Europa”, continúa.
“Pero recién ahora estoy preparada para seguir expandiendo mi carrera. Tengo unos 20 años por delante.
Y siento que se viene lo mejor, por mi maduración, por todo lo que trabajé para llegar a este lugar...
La carrera del cantante lírico no es fácil, es muy solitaria.
Si estás lejos de tu país, es muy feo volverte sola al hotel después de haber sido aplaudida por todo el teatro...”.

-¿Después de las funciones no vas a cenar con el resto de los artistas?

-A veces sí, pero no lo podés hacer siempre.
El canto lírico requiere mucha exigencia.
Y tu cuerpo necesita descansar.

-¿Tenés algún secreto para cuidar la voz?

-Jengibre, miel, baños de vapor...
Pero, sobre todo, descanso.

Daniela vive con Ignacio, productor de espectáculos, y piensa en volver a casarse.
“Ya estamos comprometidos”, se divierte.
“En casa tenemos tres gatos: Pinky y Apolonia son míos, y Tino, de Ignacio”.

-¿Pinky es un homenaje a la famosa conductora Lidia Satragno?

-No.
Es por Pinkerton, un personaje de Madama Butterfly, la ópera de Puccini.

-¿Te gustaría tener hijos?

-Puede suceder, pero no es uno de mis mayores deseos.
Ahora mi desafío es irme a vivir un tiempo a Europa.
Además, siento que las obras que hago son como mis hijos.

Premios y planes futuros

El 10 de septiembre, Daniela Tabernig recibirá el diploma al mérito de la Fundación Konex.
Y luego, el 12 de noviembre, competirá por el de Platino con otras cuatro destacadas cantantes de música clásica: Verónica Cangemi, Mónica Ferracami, Carla Filipcic Holm y María Cristina Kiehr.

En cuanto a sus próximas presentaciones, Tabernig detalla: “El 5 de julio voy a hacer un repertorio de música checa y rusa junto a la pianista Fernanda Morello en el Auditorio de Radio Nacional.
Será abierto al público.
Después, el 10 de julio, voy a cantar en el Teatro Colón en el réquiem que el director Angel Mahler preparó para las víctimas de la AMIA”.
Más adelante, el 13 y 15 de agosto, Daniela hará Madama Butterfly en el Teatro Coliseo.
Y el 17 de octubre tiene previsto cantar en el teatro El Círculo, de Rosario, en la ópera Mefistófeles, de Arrigo Boito.

WD

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original