El profesor Juan Ayón Alfonso es una reconocida autoridad científica en la esfera de la meteorología aeronáutica. Foto: Yander Zamora

A sus 78 años, el profesor Juan Ayón Alonso todavía se pone literalmente «en guardia» cada vez que observa condiciones de mal tiempo sobre las inmediaciones del Aeropuerto Internacional José Martí, en las afueras de La Habana.

Tan irrenunciable preocupación por la seguridad de los vuelos la padece desde 1963, cuando después de culminar con notas sobresalientes estudios superiores de Meteorología Aeronáutica en el Centro Internacional de Adiestramiento de la Aviación Civil, establecido en México, comenzó a desempeñar esa profesión en la referida terminal aérea capitalina.

Como señala a Granma, la misión fundamental de los meteorólogos aeronáuticos radica en vigilar de manera permanente su área de responsabilidad y detectar aquellas zonas que puedan representar un peligro en la trayectoria de los aviones, debido a la presencia de turbulencia moderada o severa, la formación de hielo sobre las aeronaves y el surgimiento de conglomerados de nubes de tormenta capaces de afectar los diferentes niveles de vuelo.

«De prevalecer tales condiciones se emiten las correspondientes alertas a los tripulantes y controladores aéreos, para evitar la entrada de las naves en tales espacios, acción que garantiza no solo mayor seguridad en cada viaje, sino también la planificación y ejecución de estos».

Lo anterior demanda el pronóstico detallado del comportamiento de las distintas variables meteorológicas a corto y mediano plazos para cada aeródromo, como son la dirección e intensidad del viento, visibilidad, ocurrencia o no de lluvia, niebla, la cantidad y altura de las bases de las nubes, y los valores de temperatura previstos en los diferentes horarios.

Según detalló el profesor Ayón, los elementos que más afectan a la aviación son la temperatura y la humedad del aire, las nubes de gran desarrollo vertical, el viento, y la presencia de fenómenos de alta peligrosidad, entre ellos los ciclones tropicales, las intensas bajas extratropicales, y las líneas de tormentas eléctricas severas.

En el caso particular de los países fríos, las grandes nevadas constituyen otro factor determinante a la hora de valorar la posible suspensión temporal de los vuelos, asevera.

Resalta que, independientemente de la distancia a recorrer, la realización de cualquier travesía aérea requiere información meteorológica precisa y confiable para el momento del despegue, la planificación de la ruta a seguir, y los niveles de altura a tomar y mantener.

«También es imprescindible conocer las condiciones atmosféricas imperantes en el aeropuerto de destino y las prevalecientes en aquellos con posibilidades de representar una alternativa, en caso de recurrir a un obligado desvío».

A lo largo de su larga carrera profesional, Ayón enfrentó muchos momentos difíciles, pero hay uno en particular que jamás olvidará.

«En una ocasión el Comandante en Jefe Fidel Castro esperaba en el Aeropuerto Internacional José Martí a un ilustre Jefe de Estado que haría una visita oficial a Cuba.
Yo estaba al frente del turno de trabajo y las condiciones meteorológicas eran tan malas que amenazaban con impedir el aterrizaje de aquella nave presidencial.

«Me consultaron si se debía mandar el avión hacia otra terminal aérea del país, lo cual implicaba desplazar a toda la comitiva de recibimiento, incluido el Batallón de Ceremonias y altas autoridades del Partido y el Gobierno, encabezadas por Fidel».

Sobreponiéndose a la tensión emocional, revisó al detalle cada dato recibido y después de una rápida evaluación integral de la situación, se aventuró a vaticinar que el panorama mejoraría antes de la llegada del avión a La Habana.

«Para mi tranquilidad, apenas diez minutos después la tormenta cesó y el cielo comenzó a despejarse.
En el plano personal fue una prueba de fuego, pues todavía no contábamos con la tecnología moderna disponible hoy en el Centro de Pronósticos Aeronáuticos, del Aeropuerto Internacional José Martí».

Basado en su experiencia, afirma que las fuertes corrientes de aire que descienden desde una nube de tormenta son la principal causa de muchos accidentes de aviación ocurridos en el mundo.

«Cuba también ha sufrido catástrofes aéreas vinculadas a dicho factor, como sucedió en septiembre de 1989 cuando un avión il-62 de Cubana de Aviación acabado de despegar del Aeropuerto Internacional José Martí, cayó súbitamente a tierra tras sufrir los efectos de una violenta corriente de aire, perecieron la totalidad de los pasajeros y tripulantes, y un número de vecinos residentes en el área del impacto», recuerda.

 

Precisiones

Durante más de 50 años de labor, el doctor Ayón ocupó diferentes responsabilidades, entre ellas la de jefe del Departamento de Meteorología Aeronáutica del propio aeropuerto José Martí de 1966 a 1976; especialista principal en el Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba (iacc) en el periodo 1989-2000, y subdirector de Aeronavegación del citado organismo en dos etapas, la primera del 2000 al 2001, y la segunda del 2006 al 2014.

Igualmente, ha sido asesor de la Organización de Aviación Civil Internacional en República Dominicana y para la evaluación de los servicios meteorológicos de México y Centroamérica, además de atesorar una larga trayectoria como profesor de varias generaciones de pilotos, navegantes, oficiales de operaciones de Cubana de Aviación, y controladores de tránsito aéreo.

Actual vicedecano docente de la Facultad de Medio Ambiente del Instituto Superior de Tecnologías y Ciencias Aplicadas, y secretario general de la Sociedad Meteorológica de Cuba, ha sido tutor de 12 tesis de grado y coautor junto con especialistas del entonces Instituto Central de Investigaciones Digitales, de un sistema anemométrico para la detección de la cizalladura del viento a bajo nivel.