Los análisis en el fútbol suelen ser injustos porque van demasiado atados a los resultados.
Nada -o muy poco- de lo que se escribirá y dirá de este Racing 2-Tigre 1 se escribiría o diría si Cvitanich hubiese definido bien ante la salida de Marinelli, a los 7 minutos de la segunda parte.
Suele ser letal el ex Banfield en esos mano a mano, pero esta vez el destino no le hizo un guiño.

Y Tigre, el valiente equipo de Néstor Gorosito que en el Cilindro fue una sombra de partidos pasados, se encontró con un gol en el minuto final, terminó clasificándose a las semifinales de la Copa Superliga y está a cuatro partidos de llegar a la Copa Libertadores.

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La lupa caerá en Eduardo Coudet.
Lo primero que merece ser destacado es la brillante etapa inicial que disputó Racing.
Fue de lo mejor del ciclo del Chacho.
Pero en la segunda parte se pinchó la Academia por dos factores: la falta de energía y los malos cambios del entrenador.

¿Era momento para hacer debutar al juvenil Nicolás Muscio, partícipe involuntario del gol del descuento de Matías Pérez Acuña? ¿Hizo bien Coudet en meter a Marcelo Díaz por Lisandro López cuando Andrés Ríos funcionaba a la perfección detrás de los dos puntas?

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El chileno se paró donde estaba Ríos y el ex River ocupó el lugar de Licha.
Racing perdió juego a espalda de los volantes visitantes, acumuló jugadores de toques cortos y poco recorrido en los metros finales y se alejó del arco de Marinelli y de la posibilidad de marcar el tercer gol de la clasificación.

La derrota del sábado había sido un golpe duro para Racing.
Coudet juntó a sus dirigidos en la práctica del domingo en el predio Tita Mattiussi y hubo fuertes reproches.
Apareció la autocrítica de los jugadores y el compromiso de, como mínimo, cambiar la imagen ante los hinchas en la revancha.

Con esa mentalidad arrancó el juego la Academia, que apabulló al Matador de Victoria.
Desde el liderazgo de Lisandro López, la personalidad de Leonardo Sigali y el fútbol de Augusto Solari, el local puso contra las cuerdas a Tigre a los pocos minutos de iniciado el duelo.

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Todos atacaron, todos recuperaron, todos corrieron en Racing.
Fue una primera parte ejemplar, desde lo futbolístico y desde la actitud.
Porque nada se observó del loable y ya descendido Tigre de Gorosito que, conviene recordarlo, llegó al Cilindro sin cinco titulares.
El gol de Lucas Orban (cabezazo implacable) cayó por decantación.
Y lejos de detener la marcha, Racing siguió desbordando por todos los sectores a Tigre.

Era impropia del Racing de Coudet la cara que había dejado en el 0-2 de la ida ante Tigre.
“Peor que esto no podemos jugar”, había soltado un furioso Chacho.
“Tenemos que dar vuelta la página y dejar atrás el título.
No nos podemos relajar”, dijo Augusto Solari, el único futbolista que habló luego de la caída.
Y esos dos personajes, Solari desde adentro de la cancha, y Chacho desde afuera, con sus enérgicos movimientos, lideraron a un Racing que fue arrollador y que redondeó un primer tiempo para guardar en la caja de los recuerdos más lindos.
En apenas 45 minutos le convirtió dos (el segundo fue de Lisandro) al equipo de Pipo Gorosito.
Y bien pudieron ser más.
Pero no fueron más.

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Lo vivido entre el minuto 22 y 23 puede ser una buena secuencia para explicar qué fueron Racing y Tigre.
Primero Marinelli le ahogó el grito a Solari, que metió un cabezazo ingresando como “9” después de un centro medido de Licha por la derecha.
En un par de segundos recuperó el local.
Y Cvitanich mandó un centro desde la izquierda para la aparición de Pol Fernández por el centro del área y el mediocampista definió de zurda al palo derecho de Marinelli.

En la segunda parte se cayó el local.
La salida de Lisandro fue un punto de quiebre.
Había sido muy grande el desgaste inicial y los futbolistas se quedaron sin piernas.
Los cambios, esta vez, no ayudaron.

Y Pérez Acuña se aprovechó de un débil cierre de Muscio y con una volea señaló el descuento que llevó a Tigre sin escalas a la semifinal de la Copa Superliga.

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original