El abandono estadounidense del acuerdo nuclear con Irán y la decisión de Washington de reimponer sanciones pusieron a la economía de la República Islámica contra las cuerdas.
Su moneda perdió en un año dos tercios de su valor, la inflación subió hasta el 40% y la economía cayó un 3,9% en 2018 y podría caer un mínimo de un 6% este año.

La decisión norteamericana no fue seguida por los europeos, que cargaron contra la decisión de la Administración de Donald Trump porque consideraban que los iraníes estaban cumpliendo el acuerdo.
Europa será la gran perjudicada de su ruptura, tanto en términos de seguridad como económicos e incluso si quiere evitar la posible oleada de refugiados de Oriente Medio que podría provocar un conflicto bélico.

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Para salvar el acuerdo, Bruselas, acompañada de Berlín, Londres y París, prometió a Teherán que haría todo lo posible para que las grandes empresas europeas no salieran de Irán, sus bancos siguieran conectados a los mercados internacionales y pudiera seguir exportando petróleo.
Esas promesas no se cumplieron, principalmente por el temor de las compañías a sufrir sanciones estadounidenses si seguían en Irán.

El régimen iraní se hartó.
El martes anunció que suspendía el cumplimiento de varios apartados del acuerdo y que daba 60 días a los europeos para poner en marcha los mecanismos suficientes para que Teherán pueda seguir recibiendo los beneficios económicos que le prometía el acuerdo.

Irán aseguró que si pasan esos 60 días y no ha conseguido lo que pide volverá a enriquecer uranio por encima del nivel que pactó (el 3,67%, que no permite su uso para fines militares) y seguirá desarrollando su reactor de agua pesada de Arak, que en teoría podría servir para producir uranio suficientemente enriquecido para usarlo en la construcción de armamento nuclear.

La Unión Europea respondió el miércoles que no acepta ultimátums y que Irán debe cumplir al pie de la letra el acuerdo si no quiere que los europeos se unan a los estadounidenses y vuelvan a aplicar sanciones.
El presidente iraní había exigido a las capitales europeas, y también a China y Rusia, que protejan los sectores financiero y petrolero iraníes de las sanciones estadounidenses.

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La noticia no sentó bien en Bruselas pero la diplomacia europea no ve todas las puertas cerradas.
Fuentes diplomáticas del bloque explicaron que “por ahora lo de Irán es retórica, preocupante, pero retórica.
Mientras no tomen medidas y se limiten a hablar seguirán respetando el acuerdo.
Mientras Irán lo respete nosotros lo respetaremos y buscaremos fórmulas para que Irán se beneficie del mismo”.

Europa recuerda que la única entidad competente para aseverar si Irán está cumpliendo o no el acuerdo es la Agencia Internacional de Energía Atómica, que hasta ahora ha hecho 14 informes y en cada uno de ellos ha señalado que Teherán cumple.

Los europeos saben que la ruptura definitiva del acuerdo, ya moribundo tras el abandono estadounidense, reforzaría al sector más duro del régimen iraní y debilitaría al sector más moderado y aperturista que representa el presidente Hassan Rohani.
El colapso del acuerdo provocaría también que Irán volviera a enriquecer uranio a pesar de que Rohaní dijo el miércoles que su país “no ha elegido el camino de la guerra, sino el de la diplomacia”.

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Es una entidad de derecho privado, un mecanismo por el que las empresas europeas deberían poder comerciar con ciertos productos (alimentos, medicinas) con Irán saltándose las sanciones estadounidenses.
Por ahora ha tenido poco éxito y decenas de multinacionales europeas han ido anunciando en el último año que abandonan sus actividades en territorio iraní para evitar sufrir sanciones estadounidenses.

Las capitales europeas no tienen una fácil solución a ese problema.
Por muchos mecanismos que pongan en marcha para que las empresas europeas no se vean sancionadas por Washington por tener intereses económicos en Irán, la Administración estadounidense podría actuar contra ellas si tienen activos en Estados Unidos, algo habitual entre las multinacionales europeas.
Pero Rohaní insiste: “la UE no ha logrado cumplir sus promesas económicas a Irán.
La postura europea es buena en palabras, pero no en hechos”.

Bruselas, especial

CB

Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original