Un español, un alemán, un argentino y un holandés.
Cuatro entrenadores.
Uno fue delantero, otro fue mediocampista de quite, otro arrancó como puntero y terminó como defensor y el restante fue marcador central.
Sólo uno jugó un Mundial como futbolista, aunque otro alcanzó a ser internacional con su seleccionado.
Uno, en cambio, no salió jamás del fútbol de ascenso y el restante tuvo una respetable carrera en Primera División.
Hay un apasionado por la fotografía, uno que tiene aversión por las redes sociales, otro que compra yerba por Internet y el restante que vive solo, en un departamento ubicado sobre un supermercado.

Son Ernesto Valverde, Jürgen Klopp, Mauricio Pochettino y Erik Ten Hag.
Sus equipos son los cuatro semifinalistas de la Champions League 2018-2019.
Valverde es Barcelona, Klopp es Liverpool, Pochettino es Tottenham y Ten Hag, el más desconocido por estas tierras, es Ajax.
Para cualquiera de los cuatro será su primera Orejona.
La historia los espera.

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La Hormiga que saca fotos

“Hacer una buena fotografía es como ganar un gran partido.
Un buen partido permanece en el tiempo en tu memoria y una buena foto también perdura”
, comparó Valverde en una entrevista concedida al diario catalán La Vanguardia a finales del año pasado.

La frase podría ser un lugar común enorme, un clásico en el mundo del fútbol, pero en realidad es la mirada de un entrenador que cuando no se encarga de darles órdenes a Lionel Messi y compañía, pasa horas con una cámara en mano y con la idea de esperar la luz ideal y el mejor encuadre.
Parte de su obra, muy interesante, puede revisarse en el libro Medio Tiempo (2012) o buceando con algo de curiosidad por Internet.

Valverde nació el 9 de febrero de 1964 en Viandar de la Vera, en la región de Extremadura, a unos 200 kilómetros de Madrid.
Cuando era chico, su familia se mudó a Vitoria, en el País Vasco, y allí comenzó a desandar sus dos amores.
En Alavés (1982-85) dio sus primeros pasos como futbolista en la Segunda División y también decidió acercarse a la fotografía.

“A los 17 años, cuando jugaba en el Alavés, yo estudiaba para sacarme maestría industrial en electrónica, un oficio que nunca ejercí, evidentemente.
Por aquella época ya me gustaba hacer fotos, pero más como hobby.
Hasta que un día, con mi primer sueldo de futbolista, le encargué a un amigo que me trajese una cámara de Canarias.
Me costó 40.000 pesetas, me acuerdo perfectamente”
, recuerda Valverde en esa misma entrevista.

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Después de Alavés pasó por el extinto Sestao (1985-86), Espanyol de Barcelona (1986-88), Barcelona (1988-90), Athletic de Bilbao (1990-96) y Mallorca (1996-97).
Su apodo es Txingurri, que en euskera significa Hormiga, y es obra del entrenador Javier Clemente, que trató de sintetizar su físico diminuto y sus dotes de trabajador, siempre sin estridencias y evitando los escándalos.

A Valverde, a diferencia de lo que le sucede como entrenador, no le fue bien como jugador de Barcelona.
Con el club catalán ganó la Copa del Rey y la Recopa de Europa y desde allí tuvo su oportunidad en la Selección de España -jugó 20 minutos contra Islandia en un partido por las Eliminatorias de la Eurocopa-, pero las lesiones lo relegaron en la consideración de Johan Cruyff y lo hicieron recalar en el Athletic, donde tuvo sus mejores temporadas como futbolista.

Allí, en San Mamés, dio sus primeros pasos como entrenador y también fue desde donde -luego de una exitosísima gestión en Olympiacos de Grecia- llegó a conducir Barcelona con la difícil misión de gestionar a un equipo que tiene a Messi como figura excluyente, pero que es completamente diferente al que administraron Frank Rijkaard, Josep Guardiola y Luis Enrique.
Mal no le va: acaba de ser bicampeón de la Liga de España.

¿Cómo es Valverde como entrenador? “Es una persona muy transparente, muy sencilla, que habla mucho con el jugador, muy cercana.
Es muy sincero a la hora de hablarte, de decirte las cosas.
No tiene problema en comentarte nada.
Es lo mejor que tiene.
Es una buena persona y sincera.
Sabe de fútbol, lo ve muy bien y lo prepara bien también.
A la hora de transmitirlo habla mucho con el jugador”
, respondió Messi en una entrevista publicada por Mundo Deportivo.

Leo Messi (c) y Luis Suarez (i), junto al entrenador Ernesto Valverde, durante un entrenamiento del FC Barcelona.
Foto: EFE/Andreu Dalmau

Valverde asegura que Guardiola es el mejor entrenador de la actualidad, dice que aprendió de todos los DT que tuvo en su carrera, aunque remarca el tramo que pasó por las manos de Cruyff.
También emula algunas cosas de Marcelo Bielsa, en especial el manejo con la prensa ('No me importaría conceder alguna de vez en cuando.
El problema de las entrevistas es la competencia que hay entre los medios y, al mismo tiempo, hay tal número de medios que tienes que hablar con todos y al final te repites'
, se excusa). 

Lejos de las canchas y de la cámara de fotos, Valverde prefiere no exponer a su familia (está casado con Juncal Diez y tiene tres hijos que van de los 16 a los 20 años) y dedicarse a la lectura -es amigo de David Trueba-, jugar al ajedrez y practicar el ciclismo.
Mientras tanto, busca conseguir la Champions League con Barcelona.
Aunque todavía le quedan tres pasos.
Y los primeros dos serán ante el Liverpool del Normal Jürgen Klopp.

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“Mi fútbol es heavy metal”

Mide un metro noventa y tres y es tan avasallante como inteligente.
Se habla de Jürgen Klopp, Kloppo, el alemán de 51 años que busca revancha con Liverpool después del Kariusgate en la final del año pasado y que se definió como el Normal One (El Normal) en contraposición con el apodo Special One (El Especial) del petulante José Mourinho.

La primera muestra de su sabiduría táctica la entregó en sus épocas como jugador, cuando se percató que no tendría futuro como delantero y se dedicó a ser un recio marcador central.
Su reciclaje posicional no se dio en las categorías menores, sino cuando ya era profesional y defendía los colores del FSV Mainz 05, equipo donde desarrolló toda su carrera como futbolista.

En total sumó 340 partidos –está tercero entre los que más jugó- y anotó 56 goles, aunque nunca pudo jugar en la elite de la Bundesliga.
'Fui a una prueba con el Eintracht Frankfurt, miré alrededor y dije: 'Oh, está bien'.
Vi a Andy Möller (ex internacional alemán).
Tenía la misma edad que yo en ese momento: 19 años.
Pensé: 'Si eso es fútbol, yo estoy jugando a un juego completamente diferente'.
Él era de clase mundial.
Yo era...
ni siquiera de clase'.
sintetizó Klopp al recordar su etapa de pantalones cortos en la biografía Bring the Noise de Raphael Honigstein.

Nació el 16 de junio de 1967 en Stuttgart, a unos 200 kilómetros de Mainz, la ciudad que vio al Klopp jugador, pero que también fue testigo de la la primera versión de este rockstar de la dirección técnica.
Hijo de Norbert, un arquero aficionado que se ganaba sus marcos como vendedor ambulante y que murió de cáncer en 2000, y de Elisabeth, comerciante, y hermano menor de dos mujeres (Isolde y Stephanie), jugó sus primeros picados en un pequeño pueblo enclavado en la Selva Negra y rápidamente coqueteó con el fútbol por influencia paterna.

Klopp en 2008, a poco de asumir como entrenador de Borussia Dortmund.
(Foto: AFP)

Pudo haber sido médico, pero creyó no tener la capacidad suficiente para seguir esa carrera al terminar el bachillerato.
Sin embargo, mientras trepaba escalón por escalón en el fútbol juvenil, el joven Klopp no esquivó los estudios.
En la Universidad Goethe de Frankfurt, al tiempo que trabajaba part time como empleado en un video club o como changarín de una empresa de transportes, se recibió en Ciencias del Deporte tras presentar una tesis sobre caminata.

Su carrera como entrenador se divide en tres etapas.
Pasó ocho temporadas con Mainz, donde asumió casi al mismo tiempo que dejó de ser futbolista.
Allí fue el artífice del inédito ascenso a la máxima categoría de la Bundesliga en 2004 y más tarde de la aún más inédita clasificación para la Europa League.
La aventura, mientras ganaba reputación del otro lado de la línea de cal, duró tres años.
Mainz descendió y él se quedó para revertir la situación.
No pudo, pero eso no evitó que Borussia Dortmund decidiera contratarlo.
Allí su fama creció de la mano de un equipo vertiginoso e intenso que fue bicampeón de Alemania -en total logró 5 títulos- y protagonista estelar de la Champions League 2012-2013, en la que sucumbió en la final a manos de Bayern Munich.

Ya por entonces todos hablaban de él y de su riguroso sistema de entrenamientos potenciado por el Footbonaut, un robot que permite mejorar la técnica de los futbolistas.
“Mi fútbol es heavy metal”, sostuvo cuando la prensa comparaba a sus equipos con las orquestas sinfónicas de Guardiola.

Jürgen Klopp celebra con Jordan Henderson el pase a las semifinales de la Champion League.
Foto: REUTERS/Miguel Vidal

En 2015 se mudó a Liverpool y allí sacó del letargo a uno de los gigantes de Europa con el Gegenpressing que consiste en presionar, robar y correr para ahogar y someter al rival de turno.
Todavía no fue campeón, pero siempre es protagonista.
Su estilo frontal no se resintió tras el alejamiento de su histórico asistente, el serbiobosnio Zeljko Buvac, conocido como El Cerebro, quien se marchó en silencio de Liverpool el año pasado, antes de las semifinales con Roma, luego de haber sido su principal colaborador desde las épocas de Mainz.

Klopp no anda con dobleces por la vida.
Se define como un hombre de izquierda y cada vez que puede repite que no tiene ni le interesan las redes sociales.
“Quizás en algún momento volvamos a hablarnos a la cara”, sostuvo tras la final perdida en 2018 ante Real Madrid con su arquero Karius como antihéroe y víctima de cruentos ataques en forma de memes.
El alemán se divierte con su flamante sonrisa (aunque asegura que no puede tener la dentadura tan blanca como la de su goleador, Robert Firmino) y no oculta que se sometió a un tratamiento para ganarle la pelea a una incipiente calvicie.

Está casado desde 2005 con Ulla Sandrock, una escritora de literatura infantil que antes fue maestra, a quien conoció en Mainz.
Tom y el fútbol mágico, publicado en 2008, es su best seller.
Marc, el hijo de su matrimonio con Sabine, su primera mujer, fue futbolista y se retiró a los 26 años luego de no poder afianzarse en diferentes equipos.
Algo que sí logró Klopp padre, quien tratará de sortear al Barcelona de Messi para llegar a la gran final de Madrid prevista para el 1 de junio en el estadio Wanda Metropolitano.

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“¡Qué piernas! ¡Las piernas de un futbolista!”

La historia es conocida.
Mauricio Pochettino vivía en el campo y del campo en Murphy, Santa Fe, con sus padres, Héctor y Amalia.
Tenía 14 años y estaba a punto de ser fichado por Central.
Sin embargo, el único club argentino en el que jugó fue Newell's, el otro gigante de Rosario.
Y los culpables fueron Jorge Griffa y Marcelo Bielsa.

La cuestión es que ambos se enteraron de las condiciones del pibe durante una prueba de talentos en Santa Isabel y decidieron desviarse hasta el pueblo de los Pochettino para intentar hacerse con los servicios del promisorio juvenil.
Así recordó Griffa el momento: 'Llegamos a su casa a las dos de la mañana.
Golpeé la ventana, la madre de Mauricio me reconoció, entramos y empezamos a hablar sobre la soja y otros cultivos, que no me interesaban para nada'.

Charla va, charla viene, lograron convencer a los padres de Pochettino para que le permitieran conocerlo.
Lo despertaron y quedaron impactados con su porte físico.
'¡Qué piernas! ¡Las piernas de un futbolista!', exclamó Griffa al verlo.
A los pocos días, Pochettino inició su vida como jugador de la Lepra, que siguió con éxito en Espanyol de Barcelona, Paris Saint-Germain y Girondins de Bordeaux.

Con su 1,82 metro de altura, fue un muy buen marcador central que de la mano de Bielsa también jugó un Mundial en aquella breve y triste desventura que fue Corea-Japón 2002 para la Selección Argentina.
El fútbol, antes, los había reencontrado en Barcelona, donde Bielsa tuvo una breve estadía antes de aceptar la oferta de Julio Humberto Grondona para convertirse en el sucesor de Daniel Passarella al frente del equipo nacional.

Mauricio Pochettino y Marcelo Bielsa se saludan antes de un partido entre Espanyol y Athletic.
Foto: EFE

Fueron apenas seis partidos que alcanzaron para marcar a fuego a Pochettino, que despidió a su viejo maestro entre lágrimas.
”Nunca me sentí más avergonzado en toda mi vida.
Todo lo que él me dijo era verdad, tenía razón.
Estaba ciego, atrapado en mi propio mundo'
, recordó en una nota publicada en el Daily Mail inglés que recorre buena parte de su historia.
Sus 47 años de vida también se pueden reconstruir a través del libro Un mundo nuevo: diario íntimo de Pochettino en Londres, que coescribió con el periodista español Guillem Balagué.

Se dice que es el mejor de todos los discípulos de Bielsa.
Pero él lo niega.
“El que no me conoce seguramente dirá que soy bielsista.
Pero me parece que no soy un técnico con la formación de la línea de Marcelo”
, dijo en una entrevista concedida al diario La Nación en enero de 2017 y sostuvo que si bien sumó aspectos del entrenador del Leeds United también absorbió conceptos de Xabier Azkargorta, José Antonio Camacho y Luis Fernández.

Todos hablan de él en Inglaterra, donde llegó luego de hacer los primeros palotes como entrenador en el Espanyol de Barcelona.
Antes, tras el retiro, había estudiado gestión de empresas en una escuela de negocios y también había sido entrenador de un equipo femenino del club catalán.
Allí estuvo durante cuatro temporadas, que empezaron con una campaña que le permitió salvar la categoría y terminaron con una dimisión luego de un flojo comienzo en la Liga 2012-2013.

Southampton fue su escala inicial en la Premier League.
Al igual que en Barcelona, primero rescató al equipo de perder la categoría y al año siguiente lo transformó en revelación.
Esas dos campañas le permitieron dar el salto al Tottenham Hotspur, el tradicional club de Londres que no festeja títulos en Inglaterra desde 1961, un año antes de su mejor papel en Europa, cuando fue semifinalista de la Copa de Campeones, la precursora de la actual Champions.
Ahora vuelve a estar en la antesala de la definición con el pesado antecedente de haber sido verdugo del Manchester City de Pep Guardiola luego de un duelo electrizante.

Fernando Llorente y Son Heung-min festejan con Pochettino tras el triunfo sobre Manchester City: Foto: REUTERS/Andrew Yates

El club londinense llegó a esta instancia sin haber sumado refuerzos en la actual temporada.
Y mucho tuvo que ver la filosofía de Pochettino, que en mayo llegará a los cinco años al frente del Tottenham, donde logra convencer a sus dirigidos a partir de su método de entrenamiento y a través del trabajo con los juveniles.
Así logró que varios de sus jugadores top desistieran de emigrar a clubes más poderosos.
A su vez, su tarea se refrenda en la Selección de Inglaterra: 14 jugadores que promovió el argentino ya jugaron partidos en el equipo nacional.

Contó alguna vez Pochettino que llegó a Southampton sin saber una palabra de inglés.
Su mujer, Karina, y sus hijos, Sebastiano y Maurizio, fueron quienes lo envalentonaron a aceptar el convite.
“El día antes de viajar, mi señora y mis hijos me hicieron una lista: cómo se dice portería, árbitros, pelota y pase.
Y con eso me largué.
Un inconsciente absoluto.
Después me di cuenta de las estupideces que decía.
Todavía me cuesta y tengo que seguir mejorando.
Los periodistas ya me dicen 'Vale, está bien'”, le contó al diario La Nación en esa misma entrevista de hace dos años, cuando ya su nombre sonaba cada vez que un club grande de Europa busca DT.
Hace poco, confesó que desde chico y por mandato paterno es hincha de Racing y que maneja un Bentley que le regaló el dueño del club.

Mauricio Pochettino, observa a sus jugadores durante un entrenamiento del Tottenham.
Foto: EFE/ Neil Hall

Karina es su compañera desde que dejó Argentina para no volver más.
Ojo, no pierde las costumbres: compra yerba mate por Internet y también usa esa vía para proveerse de dulce de leche, aunque con algunas restricciones.
Con Karina están casados hace 26 años y para el último aniversario le obsequió un 6-2 de su equipo sobre Everton.

Dijo después del partido: “Quiero enviarle todo mi amor a mi esposa.
Felicidades.
Porque creo en la energía universal.
Es increíble porque todo el día estuve pensando: 'Necesito encontrar un regalo para mi esposa' Y éste es el regalo: ¡2-6! En el último minuto, con Jesús (Pérez, su ayudante), estuvimos hablando, porque hoy se cumplen 26 años desde mi casamiento, estaba en mi boda hace 26 años, y ahora, sí, el resultado es 2-6.
Es increíble, es una coincidencia pero, a veces, no es tanta coincidencia, eh”. 

La pasión por el fútbol se la legó a sus hijos.
Sebastiano estudió Ciencias del Deporte en la Universidad Solent de Southampton y con 23 años forma parte de su cuerpo técnico como preparador físico.
Maurizio, en tanto, tiene 18 años y juegan en las divisiones inferiores del Tottenham.
¿Será la Champions League el primer título de su papá como entrenador?

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Pichón de Guardiola y matagigantes

Erik Ten Hag es el cerebro del Ajax que volvió a los primeros planos de Europa al llegar a las semifinales de la Champions League tras dejar en el camino a dos súper favoritos: el tricampeón vigente Real Madrid y la Juventus potenciada por Cristiano Ronaldo.
Hasta hace poco tiempo no muchos lo conocían por fuera del ambiente del fútbol.

Su historia comenzó hace 49 años en Haaksbergen, una pequeña localidad rural de la región de Twente, al este de Holanda, cerca de la frontera con Alemania, donde durante mucho tiempo se emplazaron fábricas textiles.
Ten Hag es el ciudadano ilustre de una ciudad que apenas tiene 25 mil habitantes.
Hijo del propietario de una inmobiliaria, fue monaguillo durante su infancia y solía jugar a la pelota con sus compañeros en el patio de la escuela.
En un informe difundido por Ajax TV, sus viejos amigos recuerdan que pese a ser de los más chicos del grupo, siempre iba al frente y que discutir con él era como “jugar un uno contra uno con Messi”.

Como futbolista, Ten Hag fue volante central.
No le alcanzó para ser internacional, pero sí para construir una sólida carrera con base en el FC Twente, donde llegó tras jugar en Bon Boys, un equipo amateur de su ciudad natal.
En 1989 debutó en la Primera División del fútbol de Holanda, pero a la temporada siguiente fue cedido a De Graafschap, que jugaba en la segunda división y con el que logró el ascenso.

A los dos años regresó a Twente y más tarde fue transferido al RKC Waalwijk, primero, y al FC Utrecht al año siguiente.
En la temporada 1996/97 volvió a Twente, donde se vio lo mejor de su carrera, ya que pudo disputar Copa UEFA y en 2001 ganó su único título como jugador al obtener la Copa de Holanda.
A la temporada siguiente, con 32 años, el entrenador le dijo que ya no lo tendría en cuenta y decidió retirarse.
Jugó 336 partidos en la Eredivisie y convirtió 15 goles.

Erik ten Hag, DT del Ajax, en un partido de la Liga de Holanda.
Llegó en enero de 2018 y revolucionó todo.
Foto: DPA

No muy dotado técnicamente, Ten Hag siempre fue elogiado por su visión de juego.
Y eso le permitió comenzar su carrera como entrenador y formador.
Trabajó en las divisiones inferiores de Twente entre 2002 y 2008, aunque ya desde 2006 formó parte del cuerpo técnico del primer equipo que encabezaba Fred Rutten.
Entre 2009 y 2012 siguió a Rutten y fue su ayudante de campo en PSV Eindhoven.

Allí fue cuando cruzó su camino con Marc Overmars.
El ex delantero de la Selección de Holanda, con pasos brillantes por Ajax, Arsenal y Barcelona, era el director deportivo del equipo Go Ahead Eagles y llevó a Ten Hag para que se convirtiera en el entrenador principal.
Y no lo defraudó: de su mano, el club de la ciudad de Deventer volvió a la Primera División después de 17 años.

Parecía afirmarse en el rol de DT de equipos de mayores, pero Ten Hag decidió seguir aprendiendo.
Y no dudó cuando Bayern Munich lo invitó a sumarse para dirigir el equipo juvenil del conjunto bávaro, que por entonces tenía como entrenador a Guardiola.
'Aprendí muchísimo de Pep.
Su filosofía es sensacional.
Lo que hizo en el Barça, en el Bayern y ahora en el City...
Ese juego ofensivo y atractivo es además muy rentable porque gana muchos títulos.
Yo intento implementar esta estructura en el Ajax'
, sostuvo antes de la eliminatoria contra Real Madrid.
Igual, Ten Hag lo llevaba en la sangre.
“En el patio de la escuela siempre jugábamos al ataque, con tres delanteros, o incluso cuatro o cinco”, recuerda su amigo para Ajax TV.

Fueron dos temporadas intensas para Ten Hag.
Tras el master en fútbol total, Ten Hag volvió a Holanda para dirigir el Utrecht, al que convirtió en el equipo sensación, a tal punto que lo llevó a la final de la Copa y un año después lo clasificó para la Europa League.
Todo eso le valió ser reconocido con el premio Rinus Michels, reservado al mejor DT de la liga.
Y también le sirvió para dar el salto al Ajax, llevado por el propio Overmars, que ya oficiaba como director deportivo del club de Amsterdam.
La apuesta no le salió mal.
Ten Hag lo devolvió a los primeros planos con un equipo osado, al que no le tembló el pulso para voltear a Real Madrid y Juventus.

En su equipo brillan Frenkie De Jong y Matthijs De Ligt, dos jóvenes a los que Barcelona ya le puso el ojo -el primero se sumará la próxima temporada-.
Pero también son clave el serbio Dusan Tadic, el holandés Daley Blind y el argentino Nicolás Tagliafico.

Erik Ten Hag durante un entrenamiento de este lunes antes del partido con Tottenham (Foto: AP Photo/Kirsty Wigglesworth)

El ex Banfield e Independiente explicó el método Ten Hag en una entrevista publicada por Mundo Deportivo: “Cuando tenés más el balón tenés que desgastarte y correr menos a nivel defensivo.
Si jugás en campo contrario, siempre podés presionar mejor y con menos riesgo cuando perdés el balón.
Somos muy solidarios en la presión y en el esfuerzo, porque sabemos que si alguien se deja ir y no presiona, por ese agujero pueden matarnos.
No nos importa tomar riesgos y jugar hombre a hombre a todo el campo, pero para ello todos deben cumplir.
Si alguno no sigue a su par, el rival ya tiene superioridad y puede hacerte daño”.

Ten Hag, que es el quinto entrenador holandés que coloca a un club de su país entre los cuatro primeros de Europa, es muy cuidadoso con su vida privada al igual que Valverde.
Se sabe que está casado y que tiene tres hijos (dos mujeres y un varón), pero no mucho más.

“Mi familia y mis parientes están siempre por encima de todo.
Eso es lo que siempre les digo a mis jugadores: el fútbol es muy importante, pero además está la familia'
, le contó al canal oficial del Ajax.
Sin embargo, no vive con ellos.
A lo Bielsa, que suele emprender sus aventuras en solitario, no quiere que su locura por el fútbol contamine su relación.
Es por eso que decidió mudarse solo a un departamento emplazado arriba de un supermercado de Amsterdam, mientras su mujer e hijos viven en Oldenzaal, en la región de Twente.
¿Será el más desconocido el que al final reirá mejor?

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Fuente: Diario Clarín >> lea el artículo original