El mundo es de los microbios. Están aquí desde hace más de 3.700 millones de años y han tenido tiempo para colonizar cada rincón del planeta. Aunque resulten invisibles, suponen el grueso de la biomasa de la Tierra, con más peso acumulado que todos los animales y los árboles sumados. Si se juntasen todas las células microbianas que habitan el océano, igualarían el peso de 240.000 elefantes africanos.

Así presenta Martin Blaser (1948) a los imponentes protagonistas de su libro SOS Microbios (Debate). El director del Programa del Microbioma Humano de la Universidad de Nueva York lleva décadas estudiándolos, concentrado en su particular relación con los humanos. En nuestro interior, todos albergamos casi kilo y medio de bacterias de miles de especies distintas. Sin ellas, no podríamos existir.

Sin embargo, desde que Louis Pasteur mostró que gran parte de las enfermedades tenían su origen en patógenos microscópicos, virus y bacterias se convirtieron en enemigos a batir por la medicina. Esto se comenzó a lograr en la primera mitad del siglo XX, con la aparición de los primeros antibióticos. Infecciones que antes mataban a millones de personas se volvieron enfermedades leves gracias a medicamentos como la penicilina, uno de los grandes triunfos de la humanidad.

Sin embargo, el éxito no fue gratuito, aunque eso solo se ha empezado a comprender en los últimos años. Igual que el petróleo y los motores de combustión trajeron prosperidad a la humanidad, pero también los riesgos del cambio climático, los antibióticos han cambiado el ecosistema de las bacterias que nos habitan y han azuzado el desarrollo de bacterias inmunes a todo tratamiento. Blaser ha escrito este libro como una advertencia.

El efecto de los antibióticos sobre el microbioma junto a un aumento del consumo de calorías puede estar detrás de la pandemia de obesidad

Fuente: El País >> lea el artículo original