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'Por qué estoy imputado si fui un simple chofer, que nunca participó de los hechos ilícitos y no se llevó un peso', dijo Oscar Centeno, el autor de los cuadernos que dieron origen a la mega-causa de corrupción y que pasó hoy por los tribunales de Comodoro Py 2002 para reunirse con su abogado, el defensor oficial Gustavo Kollman, y declarar ante el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli.

Aunque algunos creyeron que era una broma, Centeno presentó un escrito (sigue escribiendo) en que el que insistió con su inocencia, explicó que no podía denunciar antes lo que veía porque nadie le iba a creer e iría contra las personas 'más poderosas del país' y  dio precisiones sobre su relación con el ex secretario de Coordinación de Planificación Roberto Baratta, mano derecha de Julio De Vido, indicaron a Infobae fuentes judiciales.

Custodiado por hombres del sistema de Protección de Testigos e Imputados colaboradores del Ministerio de Justicia -al que ingresó en los primeros días de agosto tras quedar preso-, Centeno buscó hoy mejorar su situación en la causa de los cuadernos.
Es que tiene un procesamiento confirmado como miembro de la banda que encabezó la ex presidenta Cristina Kirchner y que funcionó desde el Ministerio de Planificación.
Sus bienes están embargados.
Y días atrás la Unidad de Información Financiera solicitó, en su rol de querellante, una serie de indagatorias por el delito de lavado de dinero  que incluían su nombre.

En el quinto piso del edificio de Retiro, Centeno se entrevistó con el defensor oficial y pidió ampliar su indagatoria.
Cuando logró que lo vieran el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli, Centeno tenía para entregarle un manuscrito en el que insistía en su inocencia.
Según indicaron fuentes judiciales a Infobae, el chofer remarcó que no cometió delitos y se mostró orgulloso de haber tomado nota 'de toda la corrupción que pasaba en vivo y en directo frente a sus narices'.

De acuerdo a quienes tomaron conocimiento de su declaración, el chofer afirmó que durante estos años 'estuvo muy condicionado, sin poder denunciar lo que veía por miedo'.
Habló incluso de las 'úlceras y los problemas de salud' que sufrió, y remarcó las coincidencias con fechas claves de la causa. 'Por qué estoy imputado si fui un simple chofer, que nunca participó de los hechos ilícitos y no se llevó un peso', se preguntó Centeno, según reconstruyeron las fuentes consultadas.

En esa explicación, Centeno afirmó que no podía denunciar porque iba a perder su trabajo y 'se enfrentaría a las personas más poderosas de país'. Incluso, señaló, se preguntó quién iba a creerle si los denunciaba. En su declaración ante el juez y el fiscal, Centeno ratificó las declaraciones que prestó como imputado-colaborador y dio más detalles de su relación con Baratta.

Curiosamente, mientras Centeno se encontraba en el juzgado, la Cámara Federal se pronunciaba sobre la situación procesal de un grupo de empresarios, encabezados por Paolo Rocca, y ex funcionarios.

El fallo sirvió para hacer un repaso de la causa que nació a raíz de las anotaciones de Centeno.
'La llamada de los 'Cuadernos' fue el cauce de una investigación   que reveló el obrar de una asociación ilícita que, enquistada en el seno de la Administración Nacional, operó entre los años 2003 y 2015 y que vía la maquinaria implementada en derredor de la asignación de contrataciones públicas, recaudó de las empresas adjudicatarias millonarias cifras cuyo destino último abarcó   el enriquecimiento patrimonial de quienes ocupaban las máximas jerarquías del Poder Ejecutivo Nacional'.

'Así se vio que su despliegue bajo un diseño piramidal, que atravesaba los   diversos estratos oficiales del Ministerio de Planificación Federal, la dotó   de características únicas, de inusual y poderosa capacidad de acción, medios extraordinarios basados en la estructura jerárquica para lograr sus fines y, sobre todo, de una impunidad sin precedentes: corrupción con rasgos definitivos de gravedad y descomposición institucional, con una inusitada prolongación en el tiempo', se destacó

'Quienes desde esas esferas públicas conformaron ese espurio colectivo fueron responsabilizados -con las limitaciones de esta instancia-, a la luz de las disposiciones del art.
210 del   Código  Penal (asociación ilícita),   graduándose   sus posiciones según el rol ejercido al interior de ese ente ilícito.
Se discriminaron entonces quienes fueran sus jefes u organizadores -entre los que se ubicó a Julio De Vido y Roberto Baratta-, de los que -con distintos matices atento a sus diferentes posiciones dentro del  organigrama público- se instituyeron en miembros de dicho colectivo'.

El fallo destacó: 'al revelarse los designios y el funcionamiento de esta asociación, también quedaron en evidencia los hechos cometidos en su desarrollo.
Los cuadernos de Oscar Centeno, quien durante años se desempeñara como chofer de Roberto Baratta, registraron en sus páginas cientos de recorridos por las calles de esta ciudad, que fueron el escenario de las entregas de dinero que garantizarían a sus cedentes el beneficio de contratar con el Estado'.

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Fuente: Infobae >> lea el artículo original