Por José Siaba Serrate

Periodista: Se diría que hay dos bancos centrales, o tres.
Uno muy duro a comienzos de octubre que ya nadie recuerda.
Pero allí Jay Powell le clavó un puñal al optimismo, y a los récords, de Wall Street con su advertencia de que estábamos lejos de una tasa neutral y de que la neutralidad podía no ser suficiente.

Gordon Gekko: La era del hielo.
Esa Fed no existe más.
Revise las minutas y verá el tenor de las discusiones –porque los puntos de vista son muy diferentes– pero ni siquiera Powell (quién la hizo pública) sostiene hoy esa postura.
El mundo se enfrió.
Desapareció la amenaza del petróleo yendo a buscar los 95 o 100 dólares por barril.
La Fed se sacó de encima el aliento en la nuca de la inflación.
Ya no aboga por una política restrictiva.

P.: La Fed que decide subir la tasa en diciembre por unanimidad luce muy distinta de la que habla hasta por los codos.
Era más impaciente y rígida que la que nos venden Powell & Cía estos días.

G.G.: De octubre a diciembre corrió mucha agua bajo el puente, y el final de año –con el derrumbe de los mercados– fue amenazante, y ello propicia el cambio.
Si se leen las minutas –y no sólo el comunicado– se verá que allí asoman las ideas que la Fed propala ahora.
Pero primero tenía que subir la tasa y asegurar la faena de 2018.

P.: La Fed no quiso esperar.
En diciembre fue muy impaciente.

G.G.: El presidente Trump con sus ataques no facilitó tampoco otra salida.
La decisión unánime de subir las tasas, cuando muchos se hubieran allanado a esperar más información, le pone el acento a la necesidad de preservar la credibilidad.
La Fed se mostró independiente, cargó munición extra en la recámara de la política monetaria, y ahora se puede dar el lujo de cruzarse de brazos.
Pero no porque Trump lo diga sino porque todo el mundo cree que es lo más atinado.
No fue gratis.
Hubo que soportar el chubasco.

JEROME POWELL.jpg Jocoso.<br>Así se mostró ayer <strong><a href=Jay Powell.
Antes había dicho que será paciente, observador y flexible.' id='7012366-Libre-720288819_embed'/> Jocoso.
Así se mostró ayer Jay Powell.
Antes había dicho que será paciente, observador y flexible.

P.: ¿Por cuánto tiempo durará la paciencia? En diciembre se crearon más de 300 mil puestos de trabajo, ¿qué pasa si el número se repite en enero o en febrero?

G.G.: Llevamos 20 días de cierre de gobierno, y Trump no le encuentra una salida.
Si el impasse se prolonga será imposible remedar esas cifras.
Ahora bien, si el mercado de trabajo mantiene ese vigor subyacente (lo que llevaría la tasa de desempleo por debajo del 3% bastante rápido) obligará a Powell a retomar la vacunación, tal vez antes de junio.

P.: Usted nos dijo, en la confusión que sembró Powell cuando habló de una reducción de la hoja de balance en piloto automático, que era el final de la suba de tasas.
¿No terminó, entonces?

G.G.: Imaginar que la economía de los EE.UU.
puede crear mes a mes 300 mil puestos de trabajo es un supuesto fortísimo.
Es improbable.
Si sucediera, por supuesto, la Fed tomará cartas en el asunto.
Sin esperar demasiado.
Y lo bien que haría.

P.: ¿Y con una expansión económica al 2,3% en 2019 como sugiere la mediana de sus proyecciones?

G.G.: Ya lo escuchó a Powell.
La institución sintonizará el modo 'wait and see', ver y esperar.
Cuatro personeros hablaron hoy aparte de Powell, Evans, Bullard, Rosengreen y Bostic, y los cuatro se pronunciaron a favor de suspender los aumentos de tasas hasta que la economía no defina su rumbo con nitidez.
Y tres de ellos tienen voz y voto en 2019.

P.: ¿Por qué se insiste tanto con la paciencia y la flexibilidad? ¿No es sospechoso? ¿No es como si la Fed temiera que el sacudón de diciembre hubiese roto algo importante?

G.G.: Es un componente del put de Powell, no hay duda.

P.: Finalmente la Fed siempre termina sensible a los crujidos de los mercados.

G.G.: Es más que eso.
La disputa comercial con China sigue abierta (y frena decisiones de gasto e inversión importantes) mientras el gobierno permanece cerrado.
Debiera ser al revés.
En los hechos, el discurso de la Fed soporta las expectativas económicas favorables y sirve de puente hasta que se cubra el vacío que provoca el atasco de la política.

Fuente: Ambito >> lea el artículo original