El Partido Republicano se convirtió la noche del martes todavía más en el partido de Donald Trump. Pese a que perdieron la mayoría en la Cámara de Representantes, sobre todo por el viraje a candidatos demócratas en zonas suburbanas, los conservadores se afianzaron en los principales feudos de Trump. La foto fija de los resultados es la de un país cada vez más dividido: la estrategia demócrata de movilizar a mujeres, jóvenes y minorías raciales dio sus frutos en la Cámara, pero la hoja de ruta de Trump enfocada en los hombres blancos y rurales que le catapultaron a la Casa Blanca en 2016 triunfó en el Senado y en algunas de las elecciones a gobernador.

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Fuente: El País >> lea el artículo original