“Lo que está sucediendo en los trópicos en todo el mundo en este momento es algo fuera de lo común”. Es la conclusión a la que llegó Brian McNoldy, un experto en huracanes de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas (RSMAS) de la Universidad de Miami.

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Es que el temido Florence'>huracán Florence -que tocó tierra en Estados Unidos este viernes con vientos de 150 kilómetros por hora- no es el único fenómeno natural de gran envergadura que recorre los océanos en los últimos días.

En total, en el hemisferio norte se originaron cinco tormentas casi que “de la noche a la mañana”, recordó McNoldy. En el Atlántico además de Florence -que tras llegar a categoría 4 descendió en las últimas horas a 2- también se desarrolla el huracán Helene. Este último avanza con dirección noroeste hacia Europa y si bien es categoría 1 se espera que se debilite hasta convertirse en extratropical el domingo.

Además de Florence y Helena una nueva tormenta se formó el miércoles en el Atlántico: Joyce, pero actualmente no representa una amenaza a tierra aunque llegará como depresión tropical a principios de la próxima semana a las islas portuguesas de las Azores.

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Pero los cuerpos oceánicos parecen una fábrica de tormentas. El 13 de septiembre registró en el centro del golfo de México una perturbación que podría convertirse en tormenta tropical. Y en el océano Pacífico, el superMangkhut'>tifón Mangkhut se acerca con ráfagas de hasta 255 kilómetros por hora a la parte norte de Filipinas.

Al respecto, McNoldy explicó en un artículo publicado en The Washington Post que la notable actividad de las aguas -en particular en el Atlántico- es todo gracias a una alineación repentina de las dos cosas que alimentan a los huracanes: la energía y el viento.

“Si los vientos en la atmósfera son demasiado fuertes, pueden romper una tormenta en desarrollo. Es irónico pero cierto: se necesitan vientos tranquilos para crear un huracán. La cantidad de cizalladura (o cortante del viento) en el Atlántico ha alcanzado su mínimo estacional, encendiendo cualquier tormenta incipiente y fomentando su crecimiento”, indicó.

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