Se cumplen 25 años de la trágica muerte de una de las figuras más icónicas de la música popular argentina. El 7 de septiembre de 1996, en Villa Paranacito, en el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, moría Gilda.

Desde entonces, en ese lugar hay un santuario que es visitado por miles de personas todos los años.

Myriam Alejandra Bianchi nació el 11 de octubre de 1961 en Villa Devoto, Buenos Aires. A los 16 años empezó el profesorado de educación física, pero tuvo que dejarlo por la muerte de su padre, que la obligó a hacerse cargo de la economía familiar.

 

Finalmente, pudo estudiar el profesorado de educación inicial, y a eso se dedicó durante muchos años.

El productor Cholo Olaya fue quien le dijo que si quería tener una carrera exitosa tenía que cambiarse de nombre. Así, dejó en la casa a Myriam Alejandra Bianchi, y sacó al ruedo a Gilda.

Lo cierto es que Gilda era un huracán imparable. No respondía a ninguno de los estereotipos del mundo tropical: no era un varón, como la mayoría de los artistas, pero tampoco una mujer de cuerpo hegemónico. Era una persona, en un punto, común. Todo su potencial estaba en su estilo y su carisma.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Una publicación compartida de Filo.news (@filonewsok)

Cuando llegó el año 1996, Gilda solo tenía seis años de carrera. Había pasado de ser una maestra con el sueño de cantar a una artista popular querida por todo el país. Tenía 34 años, y su masividad le permitió hacer una gira por toda Argentina y llegar a Bolivia y Perú. Sin saberlo, en los estudios de un canal de televisión, iba a dar su último concierto.

Y entonces, como si su historia necesitara mitificarse, llegó el final trágico que alcanzó a tantos músicos. El 7 de septiembre de 1996, en la Ruta Nacional 12, camino a Entre Ríos, un camión chocó el micro en el que viajaban Gilda, sus músicos y su familia. En el accidente murieron la cantante, su mamá, su hija mayor, tres integrantes de su grupo y el conductor.

Fuente: FiloNews >> lea el artículo original