17 de octubre de 2020  • 20:37

A casi un año de las elecciones que desataron una grave crisis política que culminó con la renuncia de Evo Morales luego de 14 años en el poder, Bolivia elegirá mañana su nuevo presidente en una votación en la que se descuenta el triunfo del Movimiento al Socialismo (MAS), pero con una diferencia que podría no alcanzarle para evitar un ballottage, según anticipan las encuestas.

Luego de tres postergaciones de la fecha de los comicios a lo largo de este año, Bolivia será el primer país de la región que va a las urnas con un amplio protocolo de distanciamiento y seguridad en medio de una pandemia de coronavirus que golpeó con crudeza al país de 11 millones de habitantes, con alrededor de 140.000 casos positivos y más de 8400 muertes por Covid-19.

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Las últimas encuestas difundidas hace una semana muestran que el candidato del MAS, Luis Arce, exministro de Economía de Evo, podría obtener alrededor del 42% de los votos, seguido por el expresidente de centroizquierda Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana, que lograría 33%.
En tercer lugar se ubicaría el exlíder cívico de Santa Cruz de la Sierra Luis Fernando Camacho, con 16,7%.

Para evitar el ballottage, el candidato más votado debería obtener más del 50% de los votos o superar el 40% de los sufragios con más de diez puntos de diferencia respecto al segundo.
En caso contrario, habrá una nueva votación el 29 de noviembre, cuando se descuenta la unidad de todo el espectro político opositor a Evo en contra del MAS.

América Latina y la comunidad internacional seguirán con especial atención el desarrollo de las elecciones, luego de que el año pasado la oposición denunciara un fraude del gobierno en el ajustado triunfo de Evo, que derivó en un grave conflicto político y social (con más de 30 muertos y 800 heridos) y en la salida del poder el expresidente, ahora refugiado en la Argentina.

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, instó tanto a las autoridades de Bolivia como a los distintos actores políticos y sociales del país a evitar cualquier acción que impida la celebración de las elecciones en forma pacífica.
También la Unión Europea (UE) y la Iglesia llamaron a los bolivianos a votar en paz.

'Nosotros somos la garantía de que el pueblo boliviano recupere la felicidad que nos arrebataron en noviembre pasado', dijo Arce esta semana en el cierre de campaña en Santa Cruz de la Sierra, en el que se mostró como un continuador de las políticas de Evo.

Mesa, en cambio, lanzó todos sus dardos contra el expresidente: 'Que Evo no se confunda, si el autócrata vuelve a Bolivia será para rendir cuentas, no para otra cosa, y eso depende de nosotros, depende de tu voto', advirtió el líder de Comunidad Ciudadana.

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El candidato que resulte elegido para gobernar los próximos cinco años tomará las riendas de un país que vive la más profunda crisis económica de los últimos 40 años, con una caída del PBI estimada en más del 6% para este año, el peor desplome desde la década de 1980, cuando se desencadenó la hiperinflación.

La pandemia desnudó también las fragilidades de Bolivia, donde muchas personas mejoraron sus ingresos y salieron de la pobreza en los primeros años de gobierno del MAS, pero que padecen las fallas estructurales del que sigue siendo el país más pobre de la región (excluyendo Venezuela).

Trayectorias

Los conocedores de la trayectoria de los dos hombres con más posibilidades de dirigir los destinos bolivianos destacan de ambos, en forma sintética, tres rasgos en común: un pecado que buscan olvidar, un defecto que tratan de ocultar y una virtud de la cual se podrían enorgullecer.

'Sea Arce o Mesa el que gane, los dos deberían estar orgullosos de romper con la tradición del caudillismo, que es tan fuerte en Bolivia y en América Latina.
Hernán Siles Suazo, Víctor Paz Estenssoro, Hugo Banzer y Evo Morales, fueron caudillos que estuvieron por encima de su fuerza política, de su programa y de su proyecto.
Básicamente fueron concentradores de poder e hicieron política sobre el culto a su imagen', explicó a la nacion el analista Franklin Pareja.

'Ahora, ninguno de los dos candidatos llega por peso propio.
Arce fue designado por Evo.
Y Mesa solo reúne el descontento con el MAS.
Cualquier otra figura podría estar en el lugar de ellos dos.
Esto hará que la próxima gestión esté mucho más concentrada en la negociación y búsqueda de consensos más que en las decisiones de un caudillo', agregó Pareja.

El defecto que ambos tratan de ocultar, como pueden, es que ninguno de los dos es político de raza.
Arce, de 57 años, es un tecnócrata, contador con máster de la Universidad de Warwick en Gran Bretaña, que realizó la mayor parte de su carrera en el Banco Central (BCB).
En 2006, allí lo reclutó Evo cuando llegó al poder, con un gran apoyo popular, pero desprovisto de tecnócratas que pudieran poner en obra sus ideas.

Mesa, de 67 años, es un intelectual, bachiller en Humanidades graduado en Madrid, con una amplia trayectoria en periodismo e historia, que por su popularidad como periodista fue convocado en 2002 por Gonzalo Sánchez de Losada para integrar la fórmula presidencial.
Con él gobernó apenas un año.
El descontento social provocó la caída de Sánchez de Losada y el inesperado ascenso de Mesa a la presidencia hasta 2005, cuando renunció en medio de una crisis generalizada.

Dificultades

Para el analista boliviano Jorge Dulón,la falta de un político de raza es una de las grandes dificultades que enfrentará el próximo gobierno.

'Como ninguno de los dos viene de grandes luchas sociales ni traccionan multitudes por sí mismos, no tienen una cualidad esencial del político, el arte de la negociación y de generar consensos.
A lo largo de la campaña, incluso a Mesa, que ya fue presidente, se le criticó el no abrirse al diálogo con otras organizaciones.
Él plantea la utopía de gobernar con su propia gente.
Y si llegara al gobierno tendrá que ceder espacios de poder, cargos y flexibilizar sus proyectos', señaló Dulón.

'En el caso de Arce, si él no obedece lo que piden las bases o eventualmente Evo, le será muy difícil gobernar, porque no tiene caudal político para imponer un proyecto propio y las bases se le podrían volver en contra', advirtió Dulón.

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Por último, los dos tienen un pecado que ocultar y que no les gusta que se lo recuerden. Arce se presenta como el enemigo de la derecha neoliberal, pero en el Banco Central en los años 90 fue el ejecutor a rajatabla de las políticas neoliberales del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial que hoy critica.

Por su parte, Mesa fue el número dos del gobierno que perpetró la llamada 'Masacre de octubre', la sangrienta represión de las protestas sociales de El Alto y La Paz en 2003, que dejaron 63 muertos.

Días atrás, en una entrevista televisiva, un periodista le mostró a Mesa una serie de fotos y le pedía una frase que resumiera su pensamiento al respecto.
Cuando apareció la foto de Sánchez de Losada, Mesa solo dijo: 'Un error'.

Por: Rubén Guillemí

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Fuente: La Nación >> lea el artículo original