La hidroxicloroquina y la cloroquina son antipalúdicos de igual acción, con la única diferencia de que el agregado de un componente hidroxilo en la molécula de la droga base su tolerancia.

En tanto, según Ipsos, el 57% de los brasileños, mejor informados y menos dependientes de la palabra de Bolsonaro, considera falsa aquella frase.

De acuerdo con el estudio, difundido el último miércoles, Brasil quedó solo detrás de la India (37%) en la infundada confianza en ese medicamento para el tratamiento del nuevo coronavirus (foto).

En Estados Unidos, donde Donald Trump también recomendó en su momento el uso de la hidroxicloroquina y hasta llegó a reconocer que la había comenzado a tomar como prevención -algo que más tarde interrumpió-, el porcentaje de confianza llegó al 12%.

En el Reino Unido, donde la cuestión estuvo ausente como elemento de debate político, la confianza en ese antipalúdico como supuesta cura fue de apenas el 2%.

Cabe destacar que no existe evidencia científica al respecto y que los supuestos efectos benéficos de la cloroquina siguen siendo motivo de estudio y controversia.

Dudas

El 17 de junio, la Organización Mundial de la Salud (OMS) suspendió un estudio internacional, bautizado Solidaridad y en el que participaba la Argentina, con hidroxicloroquina en respuesta a una publicación en la prestigiosa revista científica The Lancet.
Esta había reproducido el 22 de mayo un trabajo que sugería que la droga no tenía efectos positivos contra el nuevo coronavirus y que, como contrapartida, entrañaba efectos secundarios severos que incrementaban en un 45% las posibilidades de muerte.

Sin embargo, la propia The Lancet relativizó luego la consistencia de ese trabajo y la OMS autorizó el reinicio de los estudios clínicos, sin que hasta el momento se haya determinado la eficacia de la sustancia.

Ideología

'El que es de derecha toma cloroquina, el que es de izquierda, Tubaína', una gaseosa popular, llegó a bromear Bolsonaro en un video, elevando la confianza en ese medicamento a una seña de identidad ideológica.

Es más, la firma inconsulta de un protocolo para imponer el tratamiento con cloroquina provocó la renuncia de su segundo ministro de Salud, Nelson Teich.

Con más de 57.000 muertos y alrededor de 1,5 millones de casos documentados -cifras que, se sospecha, estarían muy por debajo de la realidad-, Brasil es el segundo país del mundo más golpeado por la pandemia, solo detrás de Estados Unidos, y no hay indicios de alivio.
Tanto es así, que Ibaneis Rocha, gobernador del distrito federal, Brasilia, impuso ayer el estado de calamidad pública ante la cercanía de un colapso del sistema de salud local.
Justamente en Brasilia, donde los muertos son ya casi 500, Bolsonaro aplicó un permanente sabotaje a las medidas de distanciamiento, poniéndose cada domingo al frente de manifestaciones, mostrándose sin tapabocas y saludando, tocando y dando besos a sus partidarios.

Fuente: Ambito >> lea el artículo original